Vencer o perder en junio: un voto decisivo

Por Pascual Tamburri Bariain, 7 de abril de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.

Si los ciudadanos votaron en marzo inspirados por el tratamiento en los medios tanto del terror como de la presencia española en Irak, seguirán haciéndolo en junio.

7 de abril. Las encuestas, especialmente las hechas con prisa o por PRISA, no desmienten la tendencia socialista del voto consagrada el 14 de marzo. El PSOE, en particular, afronta las elecciones europeas del 13 de junio sin ninguna inquietud europeísta, y sí con muchos deseos de ganar legitimidad para su frágil mayoría. Venciendo en junio, dicen los sesudos analistas del nuevo poder, se desmentirá la idea de que Zapatero derrotó a Rajoy empujado por el miedo y el desconcierto generado por el terror y la manipulación. Si los españoles vuelven a votar al PSOE, piensan, será la prueba de que el PSOE podría haber vencido incluso sin bombas.

Vencer en junio o perder en junio no es cosa sin importancia para ninguno de los dos grandes partidos. Si en junio vence el Partido Popular su oposición, pese a las dificultades del caso, podrá contar con esta importante baza argumental: que el voto de marzo no fue enteramente libre. Y en cambio esa hipoteca caerá si vence el PSOE. Además, los respectivos liderazgos de Zapatero y Rajoy se verán confirmados o cuestionados según dicten las urnas. Unas urnas que, de todos modos, no se convocan para eso, sino para designar representantes en Europa, con un sistema electoral diferente y unas condiciones que hace difícil toda comparación seria.

Tal es el primer argumento que se puede oponer a quien centre todo en las elecciones de junio: se elegirán entonces parlamentarios europeos, no gobiernos nacionales, y se hará en colegio nacional único y proporcional, en unos comicios que tanto por esta razones como por su histórica menor importancia han dado sorpresas a todos. En ninguno de los dos casos las elecciones de junio deberían ser ni comparadas ni comparables. Pero van a serlo, al menos por la opinión pública, y lo único que hay que esperar es que no lo hagan también los supuestos analistas de uno y otro partido.

Hay un segundo argumento, aún más razonable, pero que va a ser aún menos escuchado. Si los españoles votaron en marzo condicionados por los atentados, influidos por ellos, o como quiera decirse, ese miedo no habrá cesado en junio, sino que visto lo visto se habrá incrementado. Si los ciudadanos votaron en marzo inspirados por el tratamiento en los medios tanto del terror como de la presencia española en Irak, seguirán haciéndolo en junio. Y eso seguirá restando credibilidad tanto al peso electoral de Zapatero como a la estrategia de comunicación de Rajoy: el primero seguirá inseguro y dependiente de sus aliados, y el segundo deberá imbuir en sus votantes reales y potenciales el coraje, el ardor y la pasión que faltó antes. Menos cifras, menos delicadezas y más firmes convicciones. También para Europa.

Por Pascual Tamburri Bariain, 7 de abril de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.