Pensamiento único contra PP

Por Pascual Tamburri Bariain, 3 de mayo de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.

3 de mayo. Los socialistas son casi tan hábiles como Mortadelo en el arte del camuflaje político. El nuevo ministro del Interior, José Antonio Alonso -el de la dudas de conciencia ante la Ley para ilegalizar Batasuna-, acusa al Gobierno de José María Aznar de negligencia ante los terribles atentados de Madrid del 11-M. Acto seguido, cuando al ex ministro del Interior, Ángel Acebes, se le ocurre decir que hacer esa acusación sin pruebas, tratándose de un asunto tan dramático, y desde la autoridad que le da su cargo de ministro del Interior, es de político indeseable, se le acusa de estar nervioso y querer tensar la cuerda para que el terrorismo esté de nuevo en la agenda política. Para a continuación advertirle de que el terrorismo es un asunto que afecta a todos por igual y que no se puede poner en riesgo la unidad de los demócratas con declaraciones altisonantes y fuera de tono. Esto supera en capacidad de travestismo al propio personaje de tebeo de Ibáñez.

No soy de los que ven conspiraciones en cualquier parte. Aunque como las meigas, «haberlas, haylas». Pero visto lo ocurrido durante los días pasados me da que el diálogo y el talante abierto que se supone fundamentan la etapa nueva fundada por José Luis Rodríguez Zapatero no son más que una sofisticada añagaza para imponer el pensamiento único en España. El PSOE puede decir cuanto quiere y si alguien osa rechistar, aunque simplemente sea para defenderse, se le acusa de intolerante, de apartarse del imperativo «buen talante» y asunto arreglado.

Zapatero –y sus amigos de correrías políticas– lo que en realidad quiere no es favorecer el fluido diálogo político tal como dice, sino imponer un monólogo sin derecho a réplica por parte de los rivales políticos que tengan opiniones diferentes a las expresadas por él. Esto implica colocar fuera de juego político y «derrumbar» al PP, tal como ha advertido Jaime Mayor Oreja, para que las políticas rupturistas de algunos partidos puedan abrirse paso.

Así lo dejó entrever en su última comparecencia en el Congreso de los Diputados el presidente del Gobierno cuando alegremente acusó a Rajoy, en un momento del debate, de estar solo, sin caer en la cuenta de que el líder de la oposición tiene la compañía nada menos de casi diez millones de españoles que le votaron el 14 de marzo.

En democracia, la mejor compañía posible son los votos. Y diez millones es mucha democrática compañía.

Por Antonio Martín Beaumont y Pascual Tamburri Bariain

Por Pascual Tamburri Bariain, 3 de mayo de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.