La herida de Irak, vista de dos maneras

Por Pascual Tamburri Bariain, 21 de mayo de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.

Si no hay una voz de Europa ni una presencia de Europa -que no es la de dos o tres países, por grandes y ricos que crean ser- cada país conservará su derecho a decidir.

21 de mayo. Las heridas recibidas por un legionario español en Irak han reabierto el debate sobre la presencia militar en aquel país. La apresurada decisión de José Luis Rodríguez Zapatero y de José Bono suscitó preocupación en los analistas políticos y diplomáticos por su evidente repercusión en el prestigio y en los intereses de España. Hoy esa preocupación, minoritaria pero cualificada, crece de nuevo.

Aunque las comparaciones sean odiosas, y no siempre lo son, hay que recordar que si esta semana España ha tenido un herido, leve, Italia ha tenido un muerto. Y si España se está precipitando a retirarse en dirección a Kuwait y a la Península -el combate que produjo la baja se debió precisamente a esa evacuación a marchas forzadas-, el Gobierno italiano, con razonable apoyo popular, ya ha manifestado su intención de no retirarse de Mesopotamia, y menos bajo presión terrorista.

El ministro Gianni Alemanno ha descrito la posición oficial italiana: ninguna retirada de Irak, y trabajo intenso en una solución política. La intervención de los países europeos, así, puede ser la vía que permita una solución rápida que devuelva el poder al pueblo iraquí. No se trata, y nunca se trató, de seguir literalmente la vía de Bush, sino de defender los intereses nacionales y europeos. Retirar las tropas, dada la situación, dejaría la gestión del problema en manos americanas -más hábiles para vencer batallas que para acabar razonablemente guerras-, y terminaría por legitimar tanto las torturas y la barbarie de un lado como la dictadura de Sadam y el integrismo musulmán de otra.

No es aventurado pensar que la posición oficial española, sin el 11 M, sería hoy similar a ésta, realista pero no acobardada. Sin un peso europeo en los asuntos el mundo es imposible pretender que estos se resuelvan según las necesidades y las preferencias de los europeos. La abstención en el asunto iraquí convenía sin duda a los proyectos centroeuropeos de Alemania y a las aficiones africanas de Francia, pero no a los designios de una Europa unida; y desde luego tampoco a los intereses de la Europa mediterránea.

Sería utópico pensar, por ejemplo, que Europa puede imponer una solución sensata al conflicto palestino, dando paso a dos Estados separados y viables, si no sabe ni puede tener una presencia en la zona. Si no hay una voz de Europa ni una presencia de Europa -que no es la de dos o tres países, por grandes y ricos que crean ser- cada país conservará su derecho a decidir según su tradición y su interés.

Por Pascual Tamburri Bariain, 21 de mayo de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.