¿Quién defiende la identidad europea?

Por Pascual Tamburri Bariain, 26 de mayo de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.

La campaña electoral de izquierda y nacionalistas se está basando ya en la demagogia. El centro derecha puede dar una lección de estilo y aprovechar el momento para hablar de política.

26 de mayo. Zapatero ha renunciado a defender las raíces cristianas de Europa en el nuevo tratado constitucional de la Unión Europea. España ha abandonado el bloque de países conscientes de que Europa no puede ser sólo un mercado, y se ha alineado, también en esto, con Francia. Por un lado, es una señal clara de la renuncia a tener una política exterior; por otro, es toda una declaración de principios.

Las naciones tienen una personalidad, y por consiguiente un pasado, una visión de las cosas y unos intereses propios, además de -como ha recordado Marcello de Angelis- ambiciones y sueños, a veces complementarios y compatibles, pero siempre diferentes de país a país.

Pensar lo contrario es propio de un internacionalismo tan utópico como lejano de cualquier realidad posible en el presente o en el futuro. Gobernar desde la suposición -bienintencionada o no- de lo contrario es necesariamente malo para el Estado que sufre un Gobierno semejante. Y no es cuestión de partidos, sino de conciencia, por encima de los partidos, de la realidad nacional.

En Europa, en la Unión Europea, son patentes las dos tendencias. Unos países, aunque aleguen europeísmos más o menos creíbles, pacifismos más o menos verosímiles e internacionalismos más o menos pancarteros, defienden así su interés nacional. Otros, en nombre del mismo interés, buscan o pueden buscar apoyos externos y afirmaciones doctrinales diversas. Sólo un país decidido al suicido colectivo podría ser gobernado a medio y largo plazo al servicio de los intereses de otro o de otros, sometido a valores ajenos.

Las elecciones europeas del 13 de junio, y la paralela negociación constitucional, ofrecen una ocasión irrepetible para plantear el debate en sus justos términos, y para hacer y decir lo que los españoles necesitan oír sobre el papel de España en Europa, de Europa en el mundo y de los valores de la civilización europea en todos los foros planetarios.

La campaña electoral de la izquierda y de los nacionalistas se está basando ya en la demagogia más feroz: demagogia sobre la guerra y sobre el terrorismo, sobre los muertos y sobre la pobreza; muchas pancartas y mucho pacifismo cacareado. El centro derecha puede, en cambio, dar una lección de estilo y aprovechar el momento para hablar, de verdad, de política, cosa que ni Borrell ni Zapatero desean hacer.

Jaime Mayor Oreja y Mariano Rajoy pueden, desde luego, volver a recordar las cifras macroeconómicas de la brillante gestión nacional del PP, pero también deben hablar de nuestra situación internacional, de los riesgos futuros que España corre con Zapatero, del futuro de la nación. Como se dice en Italia, la izquierda tiene desde siempre la vocación de destruir las naciones, y lleva adelante este plan de modo impecable, favoreciendo cualquier oportunidad de debilidad, de pérdida de identidad o de disgregación. Sin embargo, los principios humanistas y cristianos, sea cual sea el texto constitucional y la voluntad de Moratinos, seguirán siendo una exigencia de nuestro futuro.

Por Pascual Tamburri Bariain, 26 de mayo de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.