Victoria europea, decisión española

Por Pascual Tamburri Bariain, 11 de junio de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.

La Unión Europea ha vivido la jornada de más amplia democracia que recuerda en Continente. Veinticinco países han votado a la vez para elegir sus representantes en el parlamento de la Unión. La democracia representativa es, hoy, el sistema político de los europeos, tanto en el Continente como fuera de él, y es dentro de ese sistema, y en días como el de ayer, donde se deciden sus destinos.

Pese a la apariencia, Europa no es un país soberano, sino una realidad humana y cultural que comparten veinticinco Estados soberanos, viejos y jóvenes Estados nacionales que son la base de la Unión. La Unión, de hecho, no es Europa, sino una organización internacional, en la que el poder lo detentan los Gobiernos democráticamente elegidos, y en la que el llamado parlamento tiene, y debe seguir teniendo, una función subordinada a las correspondientes Cámaras nacionales soberanas.

Todo esto no obsta para que las elecciones de ayer hayan sido una importante victoria democrática de los Veinticinco, ni para que los resultados sean relevantes, especialmente en España. Porque, aunque se votaba para la Unión, los ojos de todos estaban puestos en los países.

España llegó a este 13 de junio con un importante déficit democrático. Las elecciones generales -las definidas por la soberanía popular- del mes de marzo estuvieron lastradas por una doble campaña terrorista y mediática sin precedentes. El sentido de Estado del centro derecha nacional impidió que se discutiese la legalidad de aquellos resultados, que hoy determinan el Gobierno, pero la legitimidad moral de éste estaba en discusión. Y la elecciones europeas se han presentado como una ocasión para comprobar si los daños éticos del 11 M siguen actuando.

Los efectos del 11 M no han cesado, como era lógico prever. Un trauma colectivo de aquella magnitud, y sus consecuencias políticas, no pasan en vano; ni tampoco eran las elecciones europeas -que no interesan a la gente por sí mismas- el momento más propicio. Sin embargo, los dos grandes partidos han demostrado su solidez, en ellos pone su confianza la inmensa mayoría de los españoles, y esto es una garantía de estabilidad. Los españoles votan, también en Europa, pensando en España, y esto es un hecho que no va a cambiar. El PP, navegando contra las encuestas, contra la manipulación y contra el poder gubernamental ha tenido un resultado mucho mejor de lo esperable dada la situación …

Jaime Mayor Oreja es el vencedor moral de esta situación. Fue enviado al sacrificio, con unos pronósticos desastrosos. Su pulso personal con Borrell ha sido decisivo, como lo ha sido su hombría de bien y su capacidad de encarnar, sin las a veces lamentables cautelas de lo políticamente correcto, los valores de la derecha española. Una elecciones pueden vencerse incluso con menos votos de los que se merecen.

Por Pascual Tamburri Bariain, 11 de junio de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.