Para algunos, las últimas elecciones europeas

Por Pascual Tamburri Bariain, 16 de junio de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.

El partido de teórica mayoría relativa en España -el PSOE en coalición con el PSC, los comunistas y los demás separatistas periféricos- es especialmente incoherente en su europeísmo.

El domingo, España ha participado con relativa normalidad en la vide democrática de la Unión Europea. Europa, para cuyo último tratado se quiere incluso el nombre y el rango de Constitución, es algo más que esa Unión; y es evidente que esta organización internacional, si quiere ser algo más que un mercado de excedentes y un zoco de subvenciones y prebendas, necesita un alma.

Ese espíritu está ahí, al alcance de todos, es la raíz misma de nuestra identidad -tan española como europea, tan europea como es España-, y sin ella ninguno de nuestros esfuerzos de entendimiento y de convivencia tendría sentido ni futuro.

Europa, comunidad de naciones libres, de Estados soberanos, de pueblos unidos por su origen, por su pasado y por su carácter. Cristiano, entre otras cosas. Sin un reconocimiento expreso de esa identidad, en la letra de la Constitución y en el día a día de la acción política, no es posible hablar de europeísmo. Y será falsamente europeísta quien pretenda suprimir entre los europeos las barreras milenarias de las naciones sin aceptar la común génesis y el común destino de éstas.

El partido de teórica mayoría relativa en España -el PSOE en coalición con el PSC, los comunistas y los demás separatistas periféricos- es especialmente incoherente en su europeísmo. Europeísmo de palabra, de fácil verborrea, de sumisión cotidiana a las decisiones de quienes creen seguir siendo “grandes” -como si fuesen más europeos que los demás. Pero antieuropeísmo cotidiano, como se demuestra en los pasillos de Bruselas, y como se demostró la pasada semana en las calles de Barcelona.

La ocupación de una catedral por un grupo de manifestantes es un hecho en sí mismo grave. Que esa ocupación esté protagonizada por inmigrantes ilegales y otros delincuentes empeora el asunto. Que esas personas sean, además de extranjeras, radicalmente opuestas al cristianismo que levantó esa catedral, que la mantiene y que es el común cimiento de Europa es un insulto descarado. Que en el curso de la protesta se profanase el recinto sagrado es un delito perfectamente previsible.

Pero quien debió preverlo tenía otras prioridades. Entre otras cosas, hacer una campaña electoral prometiendo “papeles para todos”, en clara violación de las leyes, en claro atentado contra los intereses de los trabajadores españoles y, sobre todo, en directa ofensiva contra lo que Europa es y puede ser. EL PSOE, que no ha ganado estas elecciones en solitario, es capaz de trasplantar a la Unión su deficiente comprensión del ser europeo. Por este camino, Europa dejará de ser Europa, aunque conserve su nombre, y éstas habrán sido las últimas elecciones europeas. Necesitan asesores, además de sentido común.

Por Pascual Tamburri Bariain, 16 de junio de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.