Europa como oportunidad histórica para Navarra

Por Pascual Tamburri Bariain, 16 de junio de 2004.
Publicado en Razón Española.

Creo, como Alessandro Foglietta, que incluso en una época de integración europea y de globalización, la comunidad nacional, la lengua y la historia de un pueblo deben seguir teniendo un rol, una importancia, una imagen. Y creo que merece la pena tener representantes en Europa que, como él, defiendan una nación más fuerte en una Unión más justa.

Si esto me convierte en un nacionalista o en un euroescéptico ¬cosa que no creo¬, paciencia. Porque seguirá siendo cierto, y seguiré pensándolo.

Creo, como Roberta Angelilli, que si en el mundo hay demasiada América es, sobre todo, por culpa de esta otra parte de Occidente, de la Europa opulenta y decrépita que huye cobardemente de la historia y de las grandes decisiones, como ha hecho Zapatero. Creo que puede y debe haber una Europa fuerte, solidaria, enemiga mortal del terrorismo en todas sus formas, con una relación de respeto con el mundo islámico ¬un respeto basado en la firmeza y en las identidades claras¬. Creo que la Unión Europea, para ser más Europa y menos burocracia renana, debe escuchar más la voz de los trabajadores, de los jóvenes, de los ancianos, de los más débiles y, muy especialmente, la de quienes lo han dado todo o lo arriesgan aun todo al servicio de su Patria.

Si creer esto ¬con compromiso, pasión, espíritu militante¬ me convierte en un enemigo del llamado «eje» franco-alemán, paciencia. Porque ni las oligarquías hoy dominantes en París y Berlín representan a esas naciones hermanas, ni tales naciones tienen más derecho que España a definir qué es Europa y dónde deben caminar los europeos.

Creo, como Edmondo Cirielli, que la economía, la hacienda y las finanzas deben ponerse al servicio de los intereses del pueblo, tanto a nivel local como regional, nacional y, por supuesto, europeo. Creo que ningún dogma económico es bueno, porque la economía está al servicio de la gente, y no la gente al servicio de la economía. Y, en consecuencia, en un momento dado, los pueblos de Europa afrontaron con éxito las crisis con políticas económicas expansivas ¬más gasto público¬; y en otro momento con políticas del tipo exactamente contrario. Ninguna de las dos posibilidades es eterna, infalible ni intrínsecamente perfecta, y opinar lo contrario es buscar la cuadratura del círculo.

Si esto hace de mí una víctima de la «propaganda liberalcentrista», paciencia. Porque, propaganda o no, es mejor estar con la gente en la calle, que puede comparar los resultados de unas y otras políticas económicas, que recluirse en sesudos gabinetes ideológicos, de los que suelen salir fórmulas rígidas, estériles y ajenas a la realidad.

Creo, como el ministro Gianni Alemanno, que Navarra y España necesitan ¬como Italia¬ un desarrollo en el que se sienta la presencia del Estado y del Gobierno, como garante de la seguridad del ciudadano en todos los sentidos. Creo que el desarrollo humano no es sólo económico y que en todo caso ha de basarse más en la confianza en las personas y en especial en los jóvenes, en una educación para la excelencia y en una innovación constante y sostenible, alimentada por una sociedad libre. No creo en la demolición de las garantías sociales, un dogma liberal periclitado, pero sí creo que el mejor Estado del Bienestar es aquel en el que toda la comunidad trabaja y contribuye a la prosperidad y la grandeza comunes. No creo en la igualdad como ideal, un dogma marxista igualmente caduco, pero sí creo que Navarra puede convertirse en un ejemplo de equilibrio y de equidad, en lo social como en lo ecológico, en lo político como en lo moral.

Si creer esto me convierte en un vasallo moral de los neoconservadores de Washington ¬cosa que intelectualmente dudo mucho, pero que no me apetece discutir¬, paciencia. Porque la realidad, los hechos, es más importante que las etiquetas, los nombres. Creo, simplemente, que los viejos países y regiones de Europa deben mirar hacia el futuro con osadía para tener realmente un porvenir; creo que deben aprovechar las crisis y las dudas para construir oportunidades y respuestas. Y, sinceramente, por esa razón estoy básicamente contento de que mi tierra, Navarra, vaya a tener un eurodiputado, y de que ese eurodiputado ¬Javier Pomés, elegido con los votos de UPN en la lista del PP¬ vaya a estar en Bruselas con Foglietta, Angelilli, Cirielli o Alemanno. Ellos trabajarán por una nueva Europa, sin duda fiel a su pasado pero indudablemente valiente para el futuro. Es un reto histórico, un gran desafío político y cultural para una alternativa social, popular, identitaria y comunitaria a los males de nuestro siglo.

Por Pascual Tamburri Bariain, 16 de junio de 2004.
Publicado en Razón Española.