La defensa de un modelo familiar europeo

Por Pascual Tamburri Bariain, 22 de junio de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.

España, y Europa, son un conjunto de familias unidas por unos principios, por un pasado y por un porvenir. Un concepto en cuya desaparición están poniendo mucho empeño los ministros de Zapatero.

Europa es más que un mercado. Es, entre otras cosas, un conjunto de tradiciones, un legado histórico. Diferente al de otras familias humanas, ni mejor ni peor, pero sí decididamente diferente; es decir, europeo, y por tanto español. Nuestro, en suma.

Europea es por su origen la democracia; en ninguna otra comunidad humana surgió esta idea. Europea es la idea moderna de libertad, europeo es el concepto de identidad, europea es la misma noción de ciencia. Aunque sabemos estas cosas no extraemos de ellas todas las consecuencias posibles; y sin embargo es preciso hacerlo.

De entre todas las aportaciones de nuestro pasado más remoto a nuestra vida actual las más evidente, y también la menos tenida en cuenta, es la familia. La familia, por supuesto, es una parte de la vida de toda comunidad humana, pero la familia, tal y como se encuentra en la tradición europea, es un hecho sutilmente diferente; y dramáticamente en crisis.

Las familias europeas, ya desde nuestros más lejanos antepasados conocidos, se basan en la fidelidad a los ancestros, a los de nuestra sangre, de nuestro linaje, a los que nos precedieron y a quienes nos han de seguir. Los hombres y las mujeres mueren y pasan a otra vida, en nuestra tradición, pero una pequeña comunidad humana, un núcleo natural irreductible, conserva vida y carácter a través de las generaciones.

Separándose de la familia, el individuo quedaba en nuestra tradición al margen de la sociedad; un individuo solo no vale en la sociedad europea tradicional tanto como una familia, que es garantía de la fuerza y de la continuidad de la misma sociedad.

En Europa, la familia no es un capricho de dos seres unidos momentáneamente por una atracción más o menos fuerte. Ya antes del cristianismo, nuptiae sunt divini juris et humani communicatio. Los dos esposos que constituyen la familia realizan una unión sacra, abierta a la trascendencia a través de una común dimensión espiritual, de las generaciones que en ellos se unen y de las que de ellos surgirán.

España, y Europa, son un conjunto de familias unidas por unos principios, por un pasado y por un porvenir. Sin familias no hay ninguna de las tres cosas. Familias fértiles formadas por un hombre y una mujer abiertos a la procreación y a la educación de los hijos; un concepto que no es invento del cristianismo, sino de nuestro más remoto pasado. Un concepto que si deja de ser realidad -y los ministros y ministras de Zapatero están poniendo en esto mucho empeño- arrastrará en su desaparición todo lo que hace de nosotros libres y prósperos.

Por Pascual Tamburri Bariain, 22 de junio de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.