Doctrina Aznar y doctrina Rajoy: falsos equívocos y consecuencias internacionales

Por Pascual Tamburri Bariain, 1 de agosto de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.

La intervención de José María Aznar en la Universidad de verano de la Fundación FAES, que dirige, ha abierto una polémica de consecuencias aparentemente graves para el futuro del centro derecha español. En efecto, al menos para el usuario de los medios de comunicación políticamente correctos del nuevo régimen zapateril, se ha abierto una brecha doctrinal entre un Aznar que no acepta la bondad de la llamada constitución Europea y un Rajoy que se dispone a pedir el «sí» en el correspondiente referéndum, entre un Aznar que no es partidario de ninguna modificación en la Constitución nacional -por los evidentes peligros- y un Rajoy dispuesto a escuchar las ideas del PSOE al respecto. En definitiva, entre un Aznar que afirma sin pudor que el PSOE venció el 14 de marco como consecuencia del 11 y de su manipulación y un Rajoy que prefiere no hablar del pasado y mirar al futuro.

La primera observación que esta aparente divergencia exige es muy sencilla: Aznar y Rajoy son personas diferentes, con responsabilidades distintas y con un modo de ser distinto también. Compartir un proyecto político no obliga a tener las mismas ideas sobre todos los aspectos, y en estas dos personas se refleja, en buena medida, la pluralidad inherente al centro y la derecha españoles. Con su estilo muy personal, Aznar supo coordinar esa variedad y gobernar España; el reto de Rajoy no puede ser ni imitar a Aznar ni limitarse a hacer lo que éste haría, sino lograr, a su manera, el mismo resultado, dentro y fuera de España.

Pero un segundo punto de vista añade luz a la situación: ¿realmente hay una «doctrina Aznar» opuesta a una «doctrina Rajoy» divergentes en el PP? No es razonable confundir una diferencia de talante (para decirlo con la insulsa palabra de moda) con una diferencia doctrinal. Es evidente que ambos líderes desean una España unida y fuerte, y que su opinión sobre la situación de nuestro país en Europa o sobre la caja de Pandora constitucional que Zapatero quiere abrir es en todo similar. Es también evidente que Rajoy cree tener unos condicionantes políticos, sobre todo antes de su congreso, de los que Aznar, sin más ambiciones, está libre. Tal vez Aznar tenga más libertad, dentro y fuera de España, de la que Rajoy cree tener, y tal vez a eso se limite la improbable divergencia.

El falso debate abierto en determinados medios de comunicación, con patente interés en ello, va a terminar con el verano, si no antes. Y debe permitir, quizás por primera vez en España, que el centro y la derecha aprendan a distinguir su negra tradición personalista, fratricida, cainita y miope -que precisamente Aznar liquidó- de la natural variedad de estilos, de puntos de vista y de preferencias.

La mayoría natural que aupó a Aznar a la Moncloa y a su vigoroso prestigio internacional siguen presentes. No es una mayoría de centro, ni de derecha, sino una conjunción firme y natural entre personas, grupos y tendencias de ideas liberales, conservadores, centristas, cristianos, humanistas, patrióticos, populistas y sociales. El PP es un gran partido en el que cabe todo eso, y sus líderes son perfectamente capaces de dirigir ese enorme capital ideológico y humano hacia un programa de máximos -no siempre ha de ser de mínimos- y hacia una mayoría estable, sin renunciar a nada. Italia, con una situación política bastante comparable, tiene un amplio centro derecha que sigue venciendo las elecciones como coalición, y reflejando ese pluralismo, como tal coalición, sin renunciar a la unidad. El PP tiene su propio camino hacia la misma meta.

Esto es especialmente importante en el contexto internacional en el que España se mueve. Es urgente que nuestro país recupere un rumbo en política internacional. Sea el que sea, pero un rumbo propio: la imagen de los dirigentes socialistas al término de su congreso, entonando la Internacional puño en alto como en los viejos congresos del PCUS genocida, no es la más adecuada para defender los intereses de los españoles.

Por Pascual Tamburri Bariain, 1 de agosto de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.