Homenaje a un concejal valiente

Por Pascual Tamburri Bariain, 30 de agosto de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.

Eradio Ezpeleta, un nombre para recordar

Los políticos son, para el ciudadano normal, muchos. Casi tantos como los personajes de la comunicación, del deporte y del corazón, que llenan las almas de los más, y en todo caso, por regla general, son menos atractivos, menos brillantes, menos gratos. Son las personas que cobran un sueldo de nuestros impuestos, que nos multan y nos sancionan, que toman decisiones impopulares por el bien de la comunidad que gobiernan o que, si están en la oposición, dicen las verdades que los poderosos callan. También hay, aunque sean los menos, políticos sin ideales y sin espíritu de servicio, medidos y ahormados por sus intereses de partido y personales; y a veces se da la injusticia de que éstos tienen mejor imagen pública que los primeros.

En Pamplona, en 2004, estamos asistiendo a varios fenómenos interesantes desde este punto de vista. Una minoría activa, totalitaria y magistralmente organizada, está sembrando el desorden y la ilegalidad en nuestras calles. Una parte de nuestra juventud -la única parte vertebrada y militante de nuestra juventud, a día de hoy- ha vuelto a entrar en la dinámica suicida de la violencia callejera, que sólo beneficia a los terroristas nacionalistas y ultraizquierdistas. Frente a ellos, con el silencio o el miedo de la mayoría de ciudadanos, sólo las instituciones públicas, las Fuerzas de Seguridad y los políticos. Entre ellos, un nombre para recordar, que ha salido a los medios de comunicación precisamente por su firmeza en la defensa tanto de la legalidad como de los intereses de la gente. Eradio Ezpeleta Iturralde, concejal del Ayuntamiento de Pamplona.

Confieso sin rubor que Eradio, además de sus responsabilidades políticas, está entre las personas que considero amigas, pero ni las líneas anteriores ni las que siguen dependen de esa circunstancia. Además de la valoración personalísima, procede hacer una valoración pública de una persona que está recibiendo muchas críticas, sin merecerlas ni él, ni la corporación de la que forma parte, ni el ideario político a cuyo servicio nació su partido.

No es justo, y Eradio no lo merece, atacar con saña a un representante electo de los ciudadanos -con la legitimidad que deriva de ese hecho- por defender a esos mismos ciudadanos. Puede ser que la opinión pública, o mejor dicho algunos de los creadores y manipuladores de la misma, no sea favorable a las opiniones del hombre público, pero eso no las hace ilegítimas. Es más: habría que ver si la mayoría -lamentablemente silenciosa- de los navarros y de los pamploneses está con la algarada, el insulto y la mentira que imperan en nuestras calles a veces. Cuando ese silencio se rompa -y tal vez haya que esperar a las urnas- se hará justicia con Yolanda Barcina y con quienes, a su lado, están haciendo por Pamplona lo que pueden y saben, dentro de lo que es bueno y posible.

Tampoco es justo, pero ha sucedido a veces, despachar en dos palabras la calidad o el recorrido de un hombre público por su modo de ser y de hacer, por su estilo campechano, por su accesibilidad y su franqueza, por su cercanía a la gente normal. A veces, las cumbres supuestamente excelsas de la teoría política y de la calidad humana deben demostrarse más que presumirse, y ejercerse por uno mismo más que pedirse a los que detentan responsabilidades.

Sucede sin embargo en nuestra vida política, y especialmente en la más juvenil a la que el concejal Ezpeleta pertenece, que en ocasiones ha existido la cómoda tentación de marcar distancias y de mirar por encima del hombro desde abstractas teorías, pero sin haber hecho previamente carne, sangre y vida esos fundamentos de supuesta calidad. Y la única consecuencia posible es bien sencilla: que quien alardea de lo que no es, o más bien no se atreve a ser realmente lo que dice ser, termina por descalificar sin justificación a quien, sin esa pretensión, se limita a hacer.

Un proyecto de futuro al que no se apliquen la constancia y la tenacidad que merece no puede -no debe- colocar a quien lo asuma por encima o por delante de nadie.

Creo que Eradio Ezpeleta está por encima de estas consideraciones, aunque supongo que a él le dará exactamente igual. Con el fin de la sangrante ilegalidad del Euskal Jai ha hecho lo que bastantes otras personas quisieron y no pudieron hacer, o pudieron y no quisieron. Las cosas podrían ser de muchos otros modos, y sin duda también las personas pueden cambiar; pero lo cierto es que había un problema -político, social y penal- y que este hombre lo ha resuelto, en el seno de un equipo que funciona. Puede pedirse más, sin duda, pero es injusto no reconocer el mérito donde existe, como lo es esperar grandezas que tardan en llegar y que por demasiado tiempo han servido para no hacer nada.

Por Pascual Tamburri Bariain, 30 de agosto de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.