La reconciliación de José Bono llega tarde

Por Pascual Tamburri Bariain, 13 de octubre de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.

La Guerra Civil es un hecho tan remoto para la juventud española como las guerras carlistas o las guerras púnicas. Bono intenta arreglar un problema que ya no existe, salvo para algunos radicales de izquierda.

Con su confusa y precipitada modificación de los actos del 12 de Octubre, el Ministro de Defensa ha pretendido estimular la reconciliación entre los españoles. Se trataría, en opinión de José Bono, de una necesidad sentida por nuestra sociedad, de una deuda pendiente con esas “dos Españas” de las que tanto se ha hablado a lo largo del siglo XX.

Si uno tiene en consideración esas intenciones del ministro, y les suma la división -muy real- que las medidas y los gestos de Bono han creado en la izquierda, habría que pensar que España es un país recién salido de una guerra civil o al borde de la misma.

Sin embargo, España es diferente de cómo Bono la imagina. También de cómo izquierda Unida o Esquerra Republicana querrían que fuese, por otro lado. España es, en 2004, un país moderno que desea vivir en paz, y en el que los verdaderos riesgos, divisiones y fracturas no se sitúan en el pasado remoto, sino en el presente.

Si España hubiese estado tan polarizada, y si la izquierda hubiese representado el sentimiento popular tan bien como cree, los actos del día 12 en Madrid no se habrían podido celebrar. El pueblo habría silbado o apedreado al capellán castrense que estuve presente en los actos; sin embargo este gesto “arcaico y confesionalista” tuvo lugar como siempre. La oración por los muertos, aun modificada por Bono, sigue siendo específicamente cristiana, y no hubo ningún incidente, sino la emoción habitual. Los dos ancianos que protagonizaron una parte del acto fueron aceptados con calor por todos, y nadie pensó en agredir al veterano de la División Azul. Como bien ha dicho el mismo Bono después del acto, si hubiese que echar de España a todos los relacionados con los vencedores de 1939, se quedarían cuatro españoles, y él no sería precisamente uno de ellos.

Realmente, el pueblo no miente. Si hubiese dos Españas dispuestas a rememorar viejos crímenes, ¿habría sido aplaudida la Legión en Madrid con el cariño de ayer martes? ¿Habría merecido la Guardia Civil, tanto en Madrid como en todos los demás pueblos y ciudades, tantas muestras de afecto y adhesión? A veces parece que se trata de arreglar un problema, y para arreglarlo nada mejor que crearlo antes, si ya no existe.

La Guerra Civil de 1936 (a la que antes o después cambiaremos de nombre) es un hecho tan remoto para la juventud española como las guerras carlistas o las guerras púnicas. Sólo una minoría de activistas que no tiene otra cosa que ofrecer a la sociedad desea recrear aquel clima de tensión. Los militares que desfilaron, y que han sido objeto de tanta manipulación, representan a toda España, son hijos de la única España que existe, y no empuñan las armas para imponer a “unos” sobre “otros”, sino para defendernos a todos.

Se cumplen casi setenta años desde la Guerra Civil. En el peor de los casos, la Constitución de 1978 -que tiene ya más de un cuarto de siglo- cerró definitivamente el problema, con todos los españoles unidos en libertad, aunque por supuesto libres también de tener opiniones variadas. José Bono ha descubierto, en los días pasados un Mediterráneo: la reconciliación que trata de promover ya era un hecho cuando nacieron los españoles que ahora terminan sus carreras en las Universidades. Y es un hecho: la izquierda mira hacia el pasado, mientras que el centro derecha ha construido la modernidad de esta España.

Por Pascual Tamburri Bariain, 13 de octubre de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.