Una oferta de paz contra la democracia

Por Pascual Tamburri Bariain, 24 de noviembre de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.

Hay cosas que no se pueden decir. Hay otras que no se deben siquiera pensar. Y hay, en fin, algunas que un representante de la voluntad popular, perteneciente al partido que gobierna España, no puede permitirse decir ni pensar. Menos aún en la televisión pública y en compañía de un republicano enemigo de la unidad nacional.

Zapatero debe aclarar con nitidez si Ibarra hablaba sólo por sí mismo, por todo el partido o incluso por el Gobierno. Lo que depende ahora de la claridad del Gobierno es el futuro del Estado de Derecho, incompatible con cualquier negociación política.

Rodríguez Ibarra no es un novato en la política. Sabe perfectamente que pedir, proponer o sugerir una negociación del Estado con ETA es una puerta abierta a lo que la estrategia independentista desea desde siempre: una tregua de los terroristas a cambio de concesiones políticas. Aznar y Mayor Oreja no transigieron, pero el nacionalismo vasco tiene gran confianza en Rodríguez Zapatero y en sus consejeros. Y tampoco es sorprendente la actitud del en otros casos españolista y pendenciero presidente de Extremadura.

No hay que olvidar que fue el Gobierno criminal del GAL, el de Vera y Barrionuevo, el que ahora defiende póstumamente Ibarra, el único dispuesto a negociar en Argel con ETA. El patrioterismo arcaico y a veces grotesco de Ibarra tiene, pues un límite: que su primera fidelidad es al PSOE y a sus amigos políticos. Y en esta ocasión es Ibarra el primero en hablar públicamente de negociación y de oferta de paz. Algo que, entre otras cosas, está fuera de la Ley.

En España la soberanía corresponde al pueblo español. Si se abre una negociación con ETA sobre un asunto diferente a cuándo y dónde se entregan sus armas y miembros a la Justicia española se estará violando la soberanía nacional y se estará negando el valor de las instituciones democráticas. Si Ibarra cree que mantener a Zapatero en la Moncloa y a Vera fuera de la cárcel es más importante es lógico que lo diga.

Pero el presidente del Gobierno debe aclarar con nitidez si el extremeño hablaba sólo por sí mismo, por su tribu, por todo el partido o incluso por el Gobierno. Porque, de ser así, las responsabilidades políticas y penales deberán exigirse al propio Gobierno. No está en juego un puñado de millones robados por unos y por otros, y ni siquiera unos cuantos asesinatos cobardes. Lo que depende ahora de la claridad de Zapatero es si él mismo cree en el Estado de Derecho, si está dispuesto a ser implacable con ETA. El terrorismo nacionalista es débil con Gobiernos fuertes, y es eficaz con Gobiernos débiles. Ibarra ha puesto en duda la fortaleza de nuestra democracia.

Por Pascual Tamburri Bariain, 24 de noviembre de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.