El futuro de España pasa por el 11 M

Por Pascual Tamburri Bariain, 30 de noviembre de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.

Ha existido la tentación, en los ambientes políticamente correctos del centro derecha en los pasados meses, la tentación de dejar correr la investigación sobre el 11 M. Se pensaba, en esos niveles, que el PP tenía poco que ganar y mucho que perder en esa lid. Y que sus actuales dirigentes y futuros gobernantes de España, para serlo, harían mejor en mantenerse apartados del barullo.

Las cuestiones que Aznar mostró en la Comisión del 11 M son los ejes del debate político hoy: ETA y los nacionalismos, Marruecos y los islamistas, la lealtad de los partidos, la independencia de los medios de comunicación. El futuro.

Esto era un error, como se ha visto, por tres razones. La primera, moral: no se puede dejar abandonado al amigo, al compañero, al jefe a mitad del camino, y menos en un mal momento. Hacerlo puede ser rentable a corto plazo pero es siempre un mal negocio. La segunda, práctica: el PP en general y Aznar en particular están en condiciones de arrollar en ese debate y de demostrar no sólo su inocencia, sino también culpabilidades escandalosas de los demás. La tercera, política: los asuntos que surgen en el debate del 11 M son las claves de la actual situación interior y exterior de España, y no estar presente es tanto como no hacer política.

Sobre este último asunto, no hay que engañarse. Aznar no ha hablado de un pasado que le afecte sólo a él, sino de problemas que pasaron por sus manos, que emergieron en torno al 11 M y que son hoy, por el 11 M, parte de nuestro futuro.

Aznar ha hablado de los problemas de las Fuerzas de Seguridad. Ocho años de Gobierno no han pasado en vano, pero no han solucionado la herencia de la España del GAL. Hay partes de los servicios del Estado que sirven más a intereses de partido y particulares que a los ciudadanos. El PP pecó de buena fe, en unos casos, y de miopía prepotente, en otros. Aznar es consciente, pero ese es un asunto pendiente para sus herederos. Para Rajoy, en política, y para Zapatero, en lo que se refiere al Gobierno de España.

España se enfrenta a una amenaza exterior, es evidente. Una amenaza anterior al 11 M y al 11 S, una amenaza que sólo en parte es islamista, aunque sea musulmana: los problemas que vienen de Marruecos no tienen siempre una motivación esencialmente religiosa, y hoy parecen confundirse los dos tipos de razones. Pero no puede descuidarse es filón de problemas, entre otras cosas porque millones de marroquíes y musulmanes viven entre nosotros.

ETA no ha desaparecido. Su capacidad asesina no se ha extinguido, aunque nadie como Aznar se ha acercado a ellos. Pero ETA pudo participar de alguna manera en los sucesos de marzo, y en todo caso todos los separatistas tratan de beneficiarse de la debilidad política de un Gobierno sin mayoría y nacido de un atentado. Es la hora de velar por la firmeza.

Firmeza por la libertad. Y no hay verdadera libertad sin libertad de conciencia y de expresión. Ahora bien, el 11 M y todo lo que ha venido después son la prueba de que España tiene un déficit democrático. Si los españoles de a pie «quieren saber» tiene derecho a no ser engañados. Y sus gobernantes el deber de garantizar ese derecho.

Por Pascual Tamburri Bariain, 30 de noviembre de 2004.
Publicado en El Semanal Digital.