La ultraderecha de la LOGSE

Por Pascual Tamburri Bariain, 15 de marzo de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.

En enero de 1990, cuando España estaba ya encinta de la LOGSE, un partido de derecha llamada extrema celebró un congreso. Era el Movimiento Social Italiano, en Rimini, y se dirimía la secretaría general. Gianfranco Fini, que fue derrotado por los «renovadores», es hoy vicepresidente del Gobierno italiano y ministro de Asuntos Exteriores. Algunos de sus más encarnizados opositores internos -Tremaglia, Gasparri, Alemanno- son hoy ministros de la misma República. Si uno ve hoy sus rostros y escucha sus declaraciones de entonces se advierte el paso de los años en lo físico, pero el mismo contenido nuclear: un movimiento por la identidad nacional, unos ideales que pueden o no gustar pero que se ofrecían al futuro, sin nostalgia ya entonces.

Mientras tanto, la ultraderecha española vivía perfectamente anclada en el siglo XIX o en la peor parte del XX. Confesionalismo de la peor especie, militarismo y golpismo, pocas ideas ágiles y un alejamiento total de la realidad. Uniformes vejados por sus portadores, que ya nada decían, junto a manifestaciones en las que nada había que decir. Una derecha consecuencia de un régimen enterrado. No era la «ultraderecha de la LOGSE», sino, con taras singulares, una «ultraderecha Moyano».

Aun así, y esto era difícil de prever, las cosas podían ir peor. Si la ultraderecha española era tradicionalmente lamentable, con el advenimiento de la generación LOGSE, del estilo LOGSE, ha superado sus propias plusmarcas.

En cuanto a marcas, la inexistencia electoral es, en realidad, mucho menos llamativa que la abundancia de marcas de ropa y calzado. Para una parte tal vez mayoritaria de la juventud LOGSE que se reconoce teóricamente «a la derecha» del PP lo definitivo no son los principios, ni el recuerdo deformado de la historia, como era hace unos años; lo crucial es el aspecto, marcas, peinados, abalorios y prendas llevadas con intención de definirse y de definir un espacio.

¿Qué espacio? El de un microcosmos político que, pretendiendo ser alternativo a los males del mundo moderno, resulta ser la perfecta plasmación de éste. La ultra anterior a la LOGSE era ineficaz en sus soluciones, ajena a la realidad y en buena medida incoherente entre sus principios y la vida cotidiana de sus militantes. Tras la LOGSE, se han introducido todos los problemas derivados de las tribus urbanas, de la ligereza cultural y, en general, de la aceptación acrítica de los valores transversales de la LOGSE.

Lo cual tiene su ligero matiz de ironía para un campo político que, al margen de su estrechez y endeblez española, y de su infinita fragmentación, se supone instalado en los valores opuestos. Claro que una cosa son las palabras y otras los hechos. Y la LOGSE no ayuda a coordinar unos con otros. Tampoco en la ultraizquierda, tan parecida por lo demás. Como dijo un ilustre pensador de la ultraderecha LOGSE «!Atleti y Basta!».

Tirso Lacalle

Por Pascual Tamburri Bariain, 15 de marzo de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.