Europeísmo sólo cuando interesa

Por Pascual Tamburri Bariain, 21 de marzo de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.

Alemania y Francia han modificado según si conveniencia el Pacto por la Estabilidad y el Crecimiento. Lo que a España se exigió rigurosamente ha dejado de convenir a los poderosos. Es hora de pensar en el interés nacional.

La Unión Europea acaba de modificar los términos del pacto de Estabilidad y Crecimiento. Unos términos antes rigurosos, redactados en su momento a gusto y conveniencia de Alemania, cuando temía ser el único país que los cumpliese. Unos términos que España satisfizo con muchas estrecheces y dificultades, y con una contención del gasto público que muchos creyeron imposible. Y después se habló del “milagro español”.

Pero al mismo tiempo se dejó de hablar del “milagro alemán”, y quien había impuesto la ortodoxia restrictiva en el déficit y en el gasto se vio atrapado en una recesión estructural de su propia economía. Una recesión que, por otra parte, sólo una ulterior dinamización de la economía parecía poder salvar sin consecuencias políticas graves.

¿Se aplicó Alemania su propia y amarga receta? No. Antes bien, pugnó por imponer un cambio de las normas, nuevamente según sus necesidades. Y así lo que en un momento fue dogma intocable -el equilibrio- pasó a ser cosa del pasado. Como los testigos son incómodos, José María Aznar pasó de ser el inesperado primer alumno de la clase a ser considerado un peligroso integrista.

Ni nuestra izquierda, actualmente gobernante, ni nuestro centroderecha, ahora en la oposición, han sacado de estos vaivenes europeos todas las consecuencias posibles. Unos se felicitan ahora de que la Unión Europea vuelva a tolerar las alegrías fiscales que ellos llevan inscritas en su código genético. Otros lamentan que Europa abandone la ortodoxia financiera que han asumido como novísimo axioma ideológico. Y el problema es, precisamente, de exceso de ideologías.

Francia y Alemania, entre otros, tienen intereses nacionales que están por encima de los dogmas políticos. Y no importa el color de sus gobiernos (que además en este caso no coincide) si hay una coincidencia en el interés nacional. La economía no es una religión, ni ninguna política económica tiene virtudes sagradas. La economía se subordina, a través de la política, al interés de la gente, del pueblo; y en consecuencia, como españoles, podremos defender en Europa las decisiones económicas que más nos convengan en cada momento como país, prescindiendo de anteojeras que otros no utilizan.

No es casualidad que ayer mismo se diese a conocer una segunda y muy fiable encuesta que da en Francia como vencedor el “no” a la constitución europea. Los franceses, como sus gobernantes, deciden por el interés nacional; y lo que conviene a Francia puede no convenir a España. Si somos socios del mismo club, y sólo nosotros olvidamos y subordinamos nuestros intereses a los de los demás, estaremos haciendo un mal negocio como país. Alemania y Francia nos señalan el camino, aunque precisamente no nos convenga recorrerlo con ellos en este momento.

Por Pascual Tamburri Bariain, 21 de marzo de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.