La tentación Mitterrand. Zapatero busca su Le Pen

Por Pascual Tamburri Bariain, 21 de marzo de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.

Francia era, a comienzos de los años 80 del siglo XX, un país normal o aparentemente normal. Un país con su izquierda, en parte socialdemócrata y progre -el PSF de Mitterrand- y en parte totalitaria y genocida -los comunistas-; un país con su derecha, en parte patriota y sólida, en parte democristiana y acomplejada.

La ambición de un hombre terminó con esa normalidad. François Mitterrand, presidente con los votos de toda la izquierda y vencedor gracias a la corrupta gestión centrista de Giscard d’Estaing, se veía a mediados de su mandato abocado a una derrota electoral. Para evitarla recurrió a dos soluciones sin precedentes: modificó a su gusto la ley electoral y favoreció la aparición de una derecha extrema que restase votos a la derecha tradicional.

Nunca se subrayará suficientemente la perversidad de su jugada. El socialista, tras una etapa de gobierno desastrosa, puso en riesgo el futuro del país por mero cálculo personal. Con una derecha dividida, la izquierda quedaba sobrereprsentada. Además, se cuidó mucho de que la derecha radical mimada y abonada fuese en sí misma inoperante, es decir, se colocase «per se» fuera del juego político de alianzas, pactos e influencias, tanto por propia decisión como por la demonización a la que en un segundo momento la izquierda hipócrita y la derecha timorata la someterían.

La derecha tampoco careció de culpas. Renunciando a ser una derecha nacional y de valores, avergonzándose de sus principios y dando por buenos los del adversario, dejó a la intemperie a todo un sector de la opinión pública, especialmente el más popular. La derecha comulgó piadosamente con los mitos de la izquierda; y haciéndolo permitió que la izquierda crease a sus espaldas un pozo sin fondo de votos. La derecha sin principios tuvo miedo, dejó libre el espacio sobre el que creció Le Pen y excavó una trinchera en torno a éste que hizo de él el fenómeno político vigoroso pero a la vez estéril que sigue siendo.

Zapatero tiene la tentación de Mitterrand. Zapatero gobierna sólo para no perder las próximas elecciones, y su tendencia a desenterrar momias anuncia una versión española de la jugada Le Pen, a la espera de protagonista. Será un error. Aunque con dos dificultades que Mitterrand no encontró.

Primero, por la idiosincrasia de la ultraderecha española. El desacoplamiento entre teoría y realidad, entre los principios y su puesta en práctica, es grande en ese exiguo campo. Segundo, porque Zapatero no debe esperar que el PP y su entorno sean perfectos maricomplejines que dejen un hueco para semejante gambito, ni siquiera en nombre de una supuesta corrección política que sólo a la izquierda favorece.

Por Pascual Tamburri Bariain, 21 de marzo de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.