Dos o más almas complementarias en el PP

Por Pascual Tamburri Bariain, 26 de marzo de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.

El PSOE y todo su entorno mediático está jugando en los últimos meses un juego arriesgado: se sugiere, se deja decir, e incluso se dice abiertamente, que el partido de la oposición -pues sólo hay uno- está dividido, que tiene “dos almas”, que se contradice. Vamos, para decirlo como dice las cosas Gregorio Peces-Barba, que hay “peperos buenos” y “peperos malos”.

Lo que hay en La Moncloa y sobra en la sede de Ferraz -la del PSOE, no la de Elsemanaldigital.com- es muy mala intención. Confundir la necesaria pluralidad de un partido vencedor y centrado -el verdadero centro de la sociedad española, hoy- con una tendencia centrífuga es, desde luego, el único interés de los chicos de Zapatero. No se corresponde con la realidad; pero sí señala un problema real del PP.

En el PP cabe mucha más gente que en el PSOE. En el partido de Mariano Rajoy han encontrado o pueden encontrar su sitio sectores sociales, políticos e ideológicos mucho más variados que en la izquierda. Y esto no es una debilidad del PP, sino del PSOE -fofo, rígido, avejentado y cutre-. ¿Qué sucede, entonces? ¿Les puede la envidia?

Algo de eso hay, porque querían parecerse al PP, en el fondo más fuerte. Pero también juegan con la mala gestión que desde el PP se hace a veces de esa fortaleza.

No hay dos Partidos Populares, uno “bueno”, progresista, moderno, centrista y políticamente correcto, representado por Josep Piqué, Alberto Ruiz Gallardón o Eduardo Zaplana y otro “malo”, derechista, duro e intransigente liderado por Esperanza Aguirre y Ángel Acebes. Tonterías. El PP es el mayor partido de España, un contenedor enorme de consensos, con gran variedad y con líneas internas de discrepancia interna que hasta ahora han sido una gran baza de movilización.

¿Qué ha cambiado? ¿Por qué la grandeza, amplitud y fructífera alternancia interna de la legislatura pasada se han convertido ahora en un problema, que permite al PSOE vender la idea de una escisión del PP? Algo ha cambiado, y es la ausencia de José María Aznar. El castellano supo unir en un proyecto común, ilusionante y vencedor. El trabajo en común, los proyectos que avanzan y los enemigos comunes unen, y por eso el PP pudo ser lo que fue bajo su liderazgo. Aznar hizo de la variedad y de la centralidad los dos pilares de su victoria.

El estilo de Mariano Rajoy es diferente, y debe ser así. Pero la ausencia no es una manera de gobernar un partido moderno, y no se puede “dejar hacer”. De puertas adentro, toda la parte sana de la sociedad española debe caber en el PP; de puertas afuera, el PP debe tener una sola voz, una sola imagen, un solo proyecto, un solo rostro. Y si Rajoy no tiene ganas de hacerlo, tiene modelos muy cercanos para saber cómo se hace. Lo ha hecho Francisco Camps en Valencia, lo hace Miguel Sanz en Navarra, como lo hizo -y cada uno con su estilo- el ya mítico Aznar.

Si un partido necesita un líder es porque en él se solucionan todas las contradicciones, y porque la sociedad lo demanda. Mariano Rajoy puede serlo, y hoy debe serlo; pero no puede ser siempre tan educado, tan sutil, tan antiguo en las formas y en el estilo. El PP no es un partido canovista, sino un partido muy joven del siglo XXI, y es lamentable que permita que el PSOE rancio y avinagrado de Zapatero de mejor y más moderna imagen de sí mismo. Y en el PP, salvos los principios esenciales, debe haber sitio para todos, pero con orden, disciplina y lealtad; sobre todo quienes se apoyan en PRISA o coquetean en ese entorno deberían tener claro que ya hubo un Pimentel que se encontró de frente con Aznar. Que Rajoy tome ejemplo, para bien de todos.

Por Antonio Martín Beaumont y Pascual Tamburri Bariain

Por Pascual Tamburri Bariain, 26 de marzo de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.