La caridad de la LOGSE

Por Pascual Tamburri Bariain, 27 de marzo de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.

La caridad es una virtud, y no es más que otro nombre del amor. Una virtud teologal; pero es preferible no adentrarnos en esa explicación, que durante siglos el más humilde español analfabeto habría podido hacer por sí mismo, porque tales cosas no se estudian ya ni en la ESO ni en el mal llamado Bachillerato. Quedémonos sólo con la caridad como virtud, es decir, algo que tendemos a suponer positivo, cuando existe.

La caridad es amor. Técnicamente, es la virtud por la que amamos a nuestros semejantes. Para un cristiano, es fruto y consecuencia del amor de Dios, pero sin ir tan lejos es un sentimiento que nos lleva, e íntimamente nos obliga, a actuar a favor del prójimo especialmente cuando está necesitado.

La España de la LOGSE ya no conoce las formas casi oficiales de caridad confesional, hoy relegadas a las parroquias y a las diócesis pero privadas del marchamo casi obligatorio que tuvieron en décadas pasadas. Es un signo positivo del paso de los tiempos, porque nadie está obligado externamente a hacer el bien, a mostrar su caridad. Se tratará, en todo caso, de una obligación íntima, nacida de convicciones religiosas o del arraigo de los valores solidarios que se suponen “transversalmente” difundidos a través del sistema de enseñanza LOGSE.

En pura teoría, habría que alegrarse en especial de la desaparición de las formas de caridad socialmente más hipócritas, destinadas a perpetuar diferencias sociales injustas y a consagrar “buenas conciencias” sobre actos benéficos de puro oropel. Deberían haber quedado atrás, en especial por la educación de los más jóvenes, las tómbolas benéficas de mero figurón, las dádivas dadas despectivamente, las fiestas caritativas. En pura teoría, al menos en este punto, las tendencias de la LOGSE y un cristianismo más sincero y caritativo se suponen coincidentes.

Sólo se suponen. Porque la realidad va en la dirección exactamente opuesta. Nunca como hoy han tenido éxito los festejos, rastrillos, tómbolas y galas que, lejos de requerir en sus participantes algún tipo de caridad, se limitan a estimular aspectos menos limpios de la naturaleza humana para aligerar sus carteras. Con un buen fin y como mal menor, es cierto.

Ahora, donde la cosa rebasa la sonrisa es con los que pertenecen a las generaciones LOGSE. Entre ellos los voluntarios, que realmente viven una u otra fórmula de caridad, son una minoría. Ahora bien, si uno quiere estimular a los jovencitos burgueses o aspirantes a tales, no tiene más que organizar una fiesta nocturna, con abundante distribución de alcohol incluida en el precio de la caritativa entrada. Desde luego, no será ejemplar, pero es lo que hay. Siéntete bien. Vive la LOGSE. Emborráchate por los pobres, 2×1 o barra libre.

Por Pascual Tamburri Bariain, 27 de marzo de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.