La España que añora Zapatero

Por Pascual Tamburri Bariain, 27 de marzo de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.

El presidente del Gobierno de España merece la gratitud del gremio de historiadores, al que pertenezco. En menos de un año ha conseguido que el país centre su debate político en el pasado. Como si no hubiese problemas presentes y futuros más reales hemos empezado una guerra de símbolos, de estatuas, de recuerdos y de manipulaciones históricas.

Cosas todas que hace unos meses considerábamos una rareza acotada al nacionalismo vasco, “cosas de Arzallus” pensábamos, pero que ahora son el coto de caza preferido por la coalición gobernante en Madrid. Tal vez porque prefiere que nos entretengamos en eso en vez de atender a sus acciones y omisiones.

La exhibición moral y física de las momias y de los cadáveres del pasado por parte de Zapatero -ejercicio sesgado, manipulado y sectario, además de mentiroso, por cierto-, rompe con el espíritu de la Transición. Si había en 1975 “dos Españas” dejó de haberlas con el perdón y la reconciliación. Si para hacer olvidar los males presentes se reabren las batallas pasadas, Zapatero conseguirá que se combatan, símbolo contra símbolo, recuerdo contra recuerdo.

No creo, sinceramente, que 1936 sea un año digno de ser repetido. Pero si el PSOE, ERC y el PCE, que juntos gobiernan en Madrid, y que formaban también curiosamente coalición hace setenta años, sienten nostalgia de aquello, no estará de más recordarlo como fue. Si Zapatero lo añora, bien estará que sepamos qué añora.

España era un país esencialmente pacífico a comienzos de 1936. Es cierto que había vivido muy recientemente escándalos como el estraperlo, y que la corrupción de ciertos elementos de centroizquierda en el poder no era muy ejemplar. Es también cierto que algo más de un año antes, en 1934, se había asistido a la ruptura por el PSOE y ERC de la legalidad democrática, con un intento golpista de revolución, abortado por las fuerzas constitucionales. Pero parecía segura la convivencia pacífica, en especial para el centro y la derecha sociológicos que constituían la mayoría desmovilizada de la nación. La gente vivía con normalidad y no pedía otra cosa.

Tras seis meses de gobierno de la izquierda, de caos y sangre en las calles, de ruina económica, de proyectos revolucionarios, de estado de excepción, de control de los medios de comunicación y de miedo generalizado, los protagonistas de aquella normalidad se habían dividido en dos mitades, y se enfrentaban en los campos de batalla guiados por los que poco antes eran sólo una minoría de exaltados. Podríamos también contar los muertos habidos, y más de uno se sonrojaría. Como historiador agradezco que se dé trabajo a mis colegas; como ciudadano temo que esta añoranza de lo que se ignora no es un buen síntoma para el futuro de la España Zapatero.

Por Pascual Tamburri Bariain, 27 de marzo de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.