El Papa de la LOGSE

Por Pascual Tamburri Bariain, 20 de abril de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.

La LOGSE lleva en vigor con sus sucesivas reformas una quincena de años. Y el espíritu que la informa y que la hace posible no se remonta en su actual forma más allá de unas cuantas décadas. Por eso habría sido mucho pedir -supuesto que Josef Ratzinger hubiese sido español y los autores de la LOGSE católicos- un Papa de la LOGSE. Benedicto XVI no lo es. Pero es el Papa que tiene en su agenda el apostolado de la juventud española, y es el pastor que intentará llevar al redil a las víctimas inconscientes de una Ley esterilizante.

Es un Papa alemán. Y si en el mundo clásico se habló de la fides hispana no es menos cierto que Tácito alabó la lealtad de los germanos a su palabra y a sus caudillos. El mundo entero ha visto la solemnidad con la que el aún cardenal Ratzinger juró sobre los Evangelios al inicio del cónclave. Y la vida de este hombre ha estado marcada, como la de tantos millones de europeos formados en nuestra tradición, por una serie de juramentos cumplidos y venerados, desde la adolescencia hasta la senectud, desde el pantalón corto y el uniforme hasta la Sede de Pedro. Jurar implica poner a Dios por testigo de un compromiso permanente que nunca se podrá violar sin perder la paz del alma. Por esa razón, entre otras, Benedicto XVI no es un Papa de la LOGSE veleitaria e inmadura.

Es un Papa romano. La romanidad, que Pedro hereda y eterniza, implica una existencia vertical, jerárquica, disciplinada, basada en la tenacidad, la austeridad y el coraje de quien tiene fe en sí mismo y más allá de sí mismo. Roma, además de una ciudad, es un sistema de valores enfrentados con los de la modernidad LOGSE, y ya para Plutarco tenía origen sobrenatural, pues su grandeza no se podría explicar de otra manera. Benedicto XVI es hoy Roma, y por consiguiente encarna el sentido monárquico y aristocrático, en la dimensión espiritual, inherente a la tradición europea. De él es la frase “la Verdad no se determina mediante un voto de la mayoría”, y ciertamente no es el papa de la LOGSE relativista.

Es un Papa moderno en la cronología y en las fechas, pero tradicional en el contenido inmutable de su magisterio. Ni su lugar de nacimiento ni ninguna de las vicisitudes de su vida nos parecen hoy casuales. En Benedicto XVI se reúnen todas las contradicciones del mundo moderno, que él conoce a la perfección porque lo ha vivido plenamente sin dejarse empapar en sus seducciones. Decía en estas páginas José Javier Esparza que Ratzinger es compatriota en varios sentidos de Ernst Jünger, de Konrad Lorenz y de Martin Heidegger. También es hijo de un comisario de la Gendarmería, discípulo remoto de san Bonifacio y heredero de Pedro, bávaro férreo y alemán entero, romano pleno y azote de las ideologías, de la civilización materialista, del pensamiento débil, del relativismo moral y de la cultura hedonista del consumo.

Es la encarnación en una sola persona de todo lo contrario a la LOGSE. Su pontificado estará necesariamente dedicado a debelar el espíritu que, habiendo dado lugar a esa Ley, amenaza hoy de muerte a la juventud europea.

Tirso Lacalle

Por Pascual Tamburri Bariain, 20 de abril de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.