Un Papa del siglo XXI que piensa en España

Por Pascual Tamburri Bariain, 24 de abril de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.

Benedicto XVI está resultando un Papa popular. Y se enfrenta, con su propio talante, a la ofensiva laicista desencadenada por un PSOE que carece de mejor programa. Están preocupados.

Antes de la entronización de Benedicto XVI se ha abusado de la idea de un “pontificado de transición”. El Papa reinante no ha sido elegido con la condición de vivir pocos años, ni la organización jerárquica de la Iglesia puede entenderse como si se tratase de una institución política moderna. Este Papa, como todos, gobernará su comunidad mientras viva. Y además lo hará con su propio estilo.

En efecto, el segundo lugar común que Josef Ratzinger está teniendo que afrontar es que se trata de una reedición de Karol Wojtyla, de un “Juan Pablo III”. Ya su elección de nombre fue muy expresiva al respecto. Sus primeros pasos han sido de continuidad, como es lógico -porque en la Iglesia católica ha de ser así, además-, pero es un hombre diferente, y su baño de multitudes ayer en Roma así lo demuestra.

Benedicto XVI es un hombre tímido, de sonrisa amable, afable y de fuerte personalidad. No es como su antecesor polaco, sus gestos son diferentes, su actitud también. Tampoco es igual su formación -un teólogo frente a un filósofo- ni tampoco su experiencia -un pastor perseguido frente a un trabajador incansable en la doctrina-. Pero ha sorprendido a quienes con cierta sorna decían temer un Savonarola distante, altivo y prepotente. Es un hombre cercano a la gente normal, y quienes estaban presentes en la plaza de San Pedro no lo dejaron de notar.

Lo notaron, sin duda, los Reyes, que asistieron en su condición de católicos, herederos de una dinastía católica, distinguidos tradicionalmente con ciertas deferencias por la Santa Sede. Conocían ya a Benedicto XVI pero sin duda las diferencias con Juan Pablo II se harán ver poco a poco, en la manera de hacer y de decir las cosas, probablemente en la liturgia, tal vez en el apostolado, pero ciertamente no en el núcleo de la doctrina. Un Papa del siglo XXI, sin duda, pero seguidor de un mensaje permanente.

Y así, en la recepción a las delegaciones oficiales, Benedicto XVI tuvo palabras de afecto para los Reyes, que confirman las palabras contundentes del cardenal camarlengo, Martínez Somalo, la noche anterior ante los mismos don Juan Carlos y doña Sofía y tres ministros socialistas. La Santa Sede, antes y después de la entronización de Benedicto XVI, ha señalado la hostilidad que nota en la España oficial hacia la Iglesia, en contraste con el calor de la España real.

Juan Pablo II actuó ante el laicismo expansivo de este y otros Gobiernos españoles, y lo hizo conforme a su propio talante, de pastor, de filósofo, de santo. Benedicto XVI, que no tiene fecha de caducidad, transmitirá según su estilo el mismo mensaje. Que será recibido con naturalidad filial en la Zarzuela, con hostilidad en la Moncloa y que mucha preocupación en el Ministerio de Justicia de Juan Fernando López Aguilar. Y encima, dirán, resulta que va a ser un papa popular.

Por Pascual Tamburri Bariain, 24 de abril de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.