Comunismo: el abismo que España ha evitado (pese a Llamazares)

Por Pascual Tamburri Bariain, 3 de mayo de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.

Vietnam celebra estos días los treinta años del final de su guerra civil. Sí, pese a que nuestros escolares crean lo contrario, había dos Vietnam, enfrentados, y el mundo comunista se volcó en apoyo del Norte mientras que los Estados Unidos de John Kennedy, Joan Baez y Jane Fonda acumularon todos los errores posibles para que el Vietnam anticomunista perdiese la guerra. Fue un episodio de la Guerra Fría, y el comunismo venció. Sabemos que, después, el comunismo fue derrotado pacíficamente y el muro de Berlín se desplomó. Pero las cosas pudieron ser de otra manera, como de hecho resultaron ser para muchos cientos de millones de hombres y mujeres. El comunismo pudo vencer como venció hace tres décadas en Saigón, y España hoy podría ser otra Polonia, otra Cuba, otro Vietnam.

Aterra pensar en las consecuencias de esa posibilidad evitada. Todo un sistema de valores, y la misma libertad individual y colectiva, habría desaparecido de Europa. El cristianismo habría quedado relegado a las catacumbas y al silencio. La propiedad privada, la libertad de empresa, la libertad de expresión, la democracia representativa: todo eso sería hoy historia.

Lógicamente serían también historia, o ni siquiera eso, los enemigos de clase o de convicciones del nuevo poder socialista. Empezamos a conocer hoy las cifras del Gulag, en su conjunto el mayor proceso de ingeniería social de la historia de la humanidad. Lo cual, en todo caso, es lógico en un sistema que desprecia las identidades individuales y comunitarias, y que sólo quiere ver cifras. Conociendo la doctrina de Stalin sobre las nacionalidades resulta más bien patético ver los esfuerzos de los náufragos de Madrazo por pescar en aguas nacionalistas.

Ya, porque aunque el comunismo fue derrotado ha dejado tras de sí no pocos nostálgicos. Hay españoles que habrían deseado que los mismos carros que ocuparon Saigón y Praga hubiesen ocupado Madrid y Barcelona. Son pocos, pero influyentes. Y más numerosos son los que, sin llegar a tanto, habrían estado dispuestos a aceptar la situación, y reconocen aún hoy en la intimidad que pese a sus «errores» el socialismo era una buena idea. Hay personas que piensan así tanto en el mundo de ETA como en el del PSOE.

Las cosas fueron de otra manera. Hoy, mi mejor alumno es un muchacho ucraniano. Hijo de ciudadanos exsoviéticos, es una víctima de la emigración causada por el desastre económico del experimento marxista. Como él, la mejor juventud de los países que fueron comunistas es hoy forzada al exilio o reducida a condiciones precarias en sus propios países. De un día para otro han tenido que adaptarse a un sistema político, social y económico radicalmente distinto; sin duda más eficiente, pero difícil de asumir para quien ha crecido educado de otra manera. Si las cosas hubiesen sido a la inversa, los hijos de los españoles supervivientes habrían tenido que adaptarse al socialismo y tal vez habrían emigrado a trabajar en el Donets. Doctor Llamazares, ¿ha celebrado usted de verdad la derrota del mundo libre en Vietnam?

Por Pascual Tamburri Bariain, 3 de mayo de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.