Que Europa respete la voluntad democrática del pueblo

Por Pascual Tamburri Bariain, 2 de junio de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.

Hay una clase política salida del despotismo ilustrado, capaz de afirmar sin rubor que el pueblo sólo acierta cuando elige lo que Zapatero le recomienda. ¿Es eso democracia?

Ya es un hecho: Francia y los Países Bajos han votado “no” al Tratado constitucional. Al ser consultado, el pueblo ha hablado. Y así como nadie discutió ni la legitimidad ni la legalidad del referéndum español con su resultado afirmativo, tampoco es decoroso que los políticos se dediquen ahora a corregir al pueblo. Salvo que se definan de nuevo nuestras democracias.

Políticamente, a la espera de las siguientes ratificaciones y de los siguientes plebiscitos, el Tratado que Valéry Giscard d’Estaign quiso e impuso, con toda su carga ideológica y burocrática, ha muerto. Los socios de la Unión deberán buscar soluciones, un nuevo camino, después de aceptar lo que los ciudadanos ya han dicho.

Ante todo, conviene no dramatizar. Lo esencial de la actual Unión es el mercado único, que es, de momento, irreversible. La unión monetaria ha traído para muchos países más problemas que ventajas, y su futuro debe definirse con realismo. La unión política y sobre todo la imposición ideológica del tratado han sido la causa del rechazo, de momento, en dos países. Los proyectos de ampliación a países no europeos y el diseño de estatización, por último, gustan más a los políticos que a la gente.

Y la raíz del problema está ahí. De manera muy significativa lo vienen señalando José María Aznar -colaborador de Il Messaggero de Roma- y el vicepresidente Gianfranco Fini, en un denso artículo anteayer miércoles en El Mundo. Se ha querido construir un superestado ignorando la libertad de las personas, de las familias, de las naciones; olvidando tradiciones milenarias y libertades recientes. Europa no era como Giscard y los suyos quisieron verla. El problema no está en la letra del Tratado, que puede aprobarse o no: está en una determinada manera de ver Europa.

Hay una clase política que parece salida del despotismo ilustrado, capaz de afirmar sin rubor que el pueblo sólo acierta cuando elige lo que se le recomienda. ¿Es eso democracia? Tal vez la gente, cuando puede expresarse en libertad, elija la libertad y desconfíe de los límites a la misma. Repetir el referéndum porque la gente “se ha equivocado” o inventar un referéndum europeo que niegue las soberanías nacionales sería un paso hacia el totalitarismo. Ni Zapatero debe pedirlo ni la Unión Europea -que sobrevivirá- puede rehuir así sus responsabilidades: sólo al servicio del pueblo.

Por Pascual Tamburri Bariain, 2 de junio de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.