Solidaridad europea: ¿hay que prohibir los símbolos del terror?

Por Pascual Tamburri Bariain, 7 de junio de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.

El Gobierno actual, y la izquierda en general, muestra una gran preocupación por la extrema derecha. La cosa tiene más calado del que parece, porque sólo la izquierda se beneficia de la existencia de una derecha extrema, desnortada, destalentada y sin legitimidad. La izquierda mayoritaria, desde luego, se beneficia porque en el peor de los casos usa el asunto como arma dialéctica contra la derecha mayoritaria. Y, en el mejor de sus sueños, porque podría restar al PP los votos necesarios para garantizar una repetición de los excepcionales resultados de marzo de 2004. De estos sueños ya hemos hablado, se sigue escribiendo en distintos foros y no procede decir más hasta que Zapatero cometa, o haga cometer, el siguiente error.

Pero donde sí conviene decir una palabra más, y que ésta sea muy clara, es en la extrema izquierda. Los herederos confesos de Lenin, de Stalin y de Pol Pot circulan libremente por nuestras calles. Lanzan libremente su propaganda. Sus antiguos compañeros de viaje se apoyan en ellos para gobernar, y sonríen nostálgicos ante su existencia. Unos y otros ostentan sin disimulo sus viejos símbolos, sus viejos ritos, sus viejas banderas. Decenas de millones de hombres, mujeres y niños han muerto bajo la hoz y el martillo; y sin embargo, ese extremismo genocida no preocupa al Gobierno, que incluso se fotografía ante tales símbolos de horror.

La iniciativa de Josef Szaiter y de Vytautas Landsbergis en la Unión Europea no puede ser despreciada: los parlamentarios de la Europa Central y Oriental saben bien qué significa el marxismo y qué significan sus símbolos. Por consiguiente, han solicitado la prohibición de la hoz y el martillo, símbolos de crimen de masas, en todo el Continente.

La hoz y el martillo pueden ser prohibidos en toda Europa como símbolos específicos del genocidio y del terror. El comisario europeo de Justicia, Franco Frattini, ha apoyado en las instituciones de la Unión la iniciativa. Pero ahora corresponde a los distintos Gobiernos y a los diferentes partidos pronunciarse.

En buena lógica, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, que tanto se preocupa por la extrema derecha y sus banderas pasadas de moda, debe preocuparse por la extrema izquierda y sus emblemas manchados de sangre. ¿Lo hará? Es dudoso. Pero mostrará así, una vez más, su verdadero rostro.

Creo, pese a todo, que la posible prohibición sólo beneficiaría a ese fósil histórico que es hoy el marxismo. Marco Tarchi ha señalado por su parte que la prohibición agudiza el deseo de transgresión, y así en Estados Unidos se ha llegado por razones prácticas a no prohibir ningún símbolo, en la certeza de no crear ni mártires ni atractivos postizos.

Creo, en fin, que Szaiter y Landsbergis tienen razón en términos históricos, pero que su iniciativa sirve más para señalar la inconsistencia de la izquierda que para combatir a un enemigo ya eclipsado en Europa. El mal del comunismo no radica en sus símbolos, sino en sus hechos; y más en los males que aún puede generar en los países de nuestro entorno que en el recuerdo del daño inconmensurable e incomparable que ya ha hecho.

Por Pascual Tamburri Bariain, 7 de junio de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.