Kale borroka, de nuevo terrorismo

Por Pascual Tamburri Bariain, 3 de agosto de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.

No basta con ocultar la verdad en los medios de comunicación adictos el PSOE. Los vascos y los navarros ven cada día cómo ETA se recupera y vuelve a actuar. El Estado permanece pasivo, por inexplicables razones políticas. Y la que pudo ser una batalla vencida está convirtiéndose en una derrota.

Nunca un ministro del Interior, en democracia, recibió en su toma de posesión una ETA tan debilitada como la que le tocó en suerte a José Antonio Alonso. El movimiento terrorista estaba, hace poco más de un año, en su peor momento: clausurados sus medios de comunicación, perseguido dentro y fuera de España, capturados sus comandos y liquidada su financiación, además de cerrada cualquier salida política. La clave del éxito estaba ahí, en la adecuada combinación de firmeza policial y firmeza política. El terrorismo nacionalista estaba entre la espada y la pared.

Faltaba entonces, para completar el fin de ETA, un tercer elemento, la anulación del movimiento social totalitario sobre el que se sostiene la banda. Mientras haya jóvenes y mayores dispuestos a creer que Euskadi es una nación y que debe lograr la independencia por cualquier medio ETA tendrá raíces. Sólo en parte, desde el asesinato de Miguel Ángel Blanco, se habían empezado a cortar esas raíces. Alonso y Zapatero tenían ahí una oportunidad única para acabar con un problema histórico.

Por razones políticas, Alonso no lo hizo. No sólo no ha completado, en lo que faltaba, la política antiterrorista de sus predecesores -en su necesaria dimensión social- sino que renunció, si no a la contundencia policial, sí a la presión política. Para ser justos, la responsabilidad no es de Alonso sino de Zapatero. Pero la consecuencia la padecen todos los vascos y navarros: la tensión social ha crecido, y de nuevo surgen, de la juventud nacionalista, actos de terrorismo.

La violencia callejera etarra es terrorismo. Lo es en sí misma; y lo es también porque representa un complemento natural de las bombas y de los asesinatos. Sirve para reclutar y formar futuros asesinos. Mantiene la presión sobre los no nacionalistas, especialmente cuando la ETA «adulta» tiene dificultades para grandes acciones. Mientras haya «kale borroka» ETA no sólo sobrevivirá, sino que impondrá su ley en las generaciones más jóvenes y seguirá creciendo.

Alonso debe reaccionar. No basta con ocultar la verdad en los medios de comunicación adictos el PSOE. Los vascos y los navarros ven cada día cómo ETA se recupera y vuelve a actuar. El Estado, de nuevo, permanece pasivo, por inexplicables razones políticas. Y la que pudo ser una batalla vencida está convirtiéndose en una derrota. Ya es hora.

Por Pascual Tamburri Bariain, 3 de agosto de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.