Un saludo a los amigos y compañeros de ETA

Por Pascual Tamburri Bariain, 3 de agosto de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.

Resulta que uno tiene, entre los compañeros de cálamo, bueno, de teclado, admiradores de lo más singular. Admiradoras para ser exactos, como sin duda lo es la buena de Maite Soroa que tantas atenciones me ha dedicado desde las páginas de opinión de «Gara». «Gara» es, no hace falta decirlo, el único periódico que ha entendido la verdadera naturaleza del mal llamado conflicto vasco.

Quiero insistir en que la atención que me ha dedicado Maite la semana pasada (http://www.gara.net/pf_idatzia/20050723/art123816.php) no tiene nada que ver con mi admiración por su medio, que viene de lejos y se remonta a «Egin». «Egin», como «Gara», es un periódico consecuente consigo mismo. Es exactamente lo que pretende ser, a nadie engaña ni pretende engañar. Es un instrumento de comunicación totalitario en el seno de una comunidad militante que dispone, entre otras cosas, de un grupo terrorista. En «Gara» se expresa la verdad revelada a los militantes nacional-marxistas y a sus compañeros de viaje. Y tanta sinceridad, en un mundo político como el vasco y el navarro, cuajado de hipocresías y de mentiras, se agradece.

Leer la visión que Maite Soroa da de la prensa española en su «Paperezko lupa» es reconfortante. Allí aparecen señalados como enemigos los que lo somos del nacionalismo vasco y específicamente de su vertiente batasuna. A espíritus pusilánimes esto les infunde temor. Pero realmente si hay que elegir entre esto o las turbias insinuaciones de sacristía de medios democristianos o nacionalistas de medio pelo, como «Deia» o algún otro que anda por aquí, yo me quedo con el «Gara» de Maite. Tal vez apunte a futuros objetivos, y con certeza acusa a actuales enemigos pero no engaña a nadie. Yo aprecio en lo que vale la furia jacobina de la Soroa, porque hay en ella una cierta frescura juvenil que no encuentro en ninguno de sus probables compañeros de viaje.

Pero Maite Soroa no existe: me dicen que no es una persona física, sino un grupo de periodistas que firman con ese seudónimo. Así que Maite y yo no podemos ser amigos. Si uno fuese quisquilloso pensaría que esta manía de los chicos de Maite de leer mis artículos y de comentarlos al público que nutre las filas de ETA es algo parecido a una amenaza; pero yo no puedo creer que me amenacen sólo por anunciar sus hazañas.

Lo único incómodo de toda esta situación es que alguien pueda equivocarse y no entender a Maite. Pero ni Maite existe ni jamás ha existido la nación vasca que Maite y sus socios, PSOE incluido, están dispuestos a crear de la nada. Eso son gajes del oficio, querida Maite. Yo te entiendo, y aunque tu inexistencia nos impide ser amigos tú y tus compañeros los asesinos merecéis más respeto que quienes se aprovechan de sus crímenes y de tus artículos.

Por Pascual Tamburri Bariain, 3 de agosto de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.