Tres años después de Perejil, Marruecos es un peligro atómico

Por Pascual Tamburri Bariain, 29 de agosto de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.

Han pasado tres años desde la agresión militar de Perejil. En el verano de 2002 sucedieron muchas cosas importantes para nuestra seguridad, que prolongan sus efectos hasta hoy. España recordó bruscamente que tiene un enemigo geopolítico, histórico y cultural al otro lado del Estrecho. Los españoles vieron que esa enemistad, lejos de haber sido sanada por el paso del tiempo, se había agravado, y que la monarquía de Mohamed VI tendía a utilizar la política exterior, con sus tendencias imperialistas, para cubrir su debilidad interna. Por último, el Gobierno de entonces y una gran mayoría de los ciudadanos comprendieron que España necesitaba un instrumento militar fiable a cualquier precio, y que esa fiabilidad, siendo realistas, pasaba por sólidas alianzas exteriores.

Era una situación mala que exigía respuestas. Las respuestas no han llegado, y en buena medida la situación ha empeorado. Aún puede ser peor, si no se ponen los medios oportunos.

Pakistán es un país musulmán, integrista a su manera, que tiene armas nucleares tras haber tenido centrales de energía nuclear. Irán, gobernado hoy por Mahmud Ahmadineyad, tiene un programa nuclear abiertamente orientado a fines militares. Al fin y al cabo, sea cual sea el régimen de Teherán, está situado geopolíticamente entre Rusia, Pakistán e Israel, con Estados Unidos en el Índico, de manera que un Irán no nuclear sería una rareza en su contexto; al menos si desea seguir siendo un gran país independiente.

La cuestión es precisamente esa: que nadie desea utilizar armas no convencionales, pero que la mejor garantía para no sufrir sus consecuencias -y de conservar la libertad de decisión- es tener una capacidad de respuesta. Estados Unidos es el mejor ejemplo: es la única potencia que ha empleado en combate tales armas -aceptémoslo, aunque sus objetivos en Japón fueron civiles-, pero allí nació la idea de la Destrucción Mutua Asegurada (MAD) que evitó toda forma de intercambio nuclear durante la Guerra Fría. Estados Unidos evitó un ataque soviético y conservó su independencia porque era capaz de responder al ataque más terrible; y lo mismo puede decirse de los rusos. Cuando Francia quiso afirmar su autonomía creó un costoso instrumento de respuesta nuclear, y cuando China inició su litigio con Moscú se convirtió en potencia nuclear. Del mismo modo, cuando India deseó afirmar su paridad con China detonó una bomba, y décadas después Pakistán respondió de la misma manera. Israel y Sudáfrica desarrollaron su arsenal atómico frente un entorno geopolítico hostil en el que eran estructuralmente débiles; pero Sudáfrica se ha desarmado (único caso de potencia atómica que ha dejado de serlo) al establecerse la turbulenta democracia de mayoría negra. Irán no debería ser más que otro país en esta lista.

Marruecos es diferente. Nuestros vecinos, los que invadieron Perejil y reivindican Ceuta, pondrán en marcha su primer reactor nuclear en septiembre, y esto sucederá en la región de Tan Tan, frente a Canarias. Marruecos producirá así energía, pero esa central, como todas, tiene un posible uso militar. El programa marroquí tiene todos los peligros propios de la energía nuclear civil en manos inexpertas de un país poco desarrollado más los riesgos militares derivados de la naturaleza de ese país.

Marruecos es un país que viola las resoluciones de la ONU. Militarista y agresivo, ha sostenido guerras ofensivas con todos sus vecinos y tiene reivindicaciones territoriales sobre varios de ellos. Rabat mantiene a parte de su población bajo un régimen de inferioridad fáctica -los bereberes-, y ocupa por derecho de conquista un territorio que no le pertenece -el Sáhara Occidental-. Es un país origen de emigración ilegal, sede de narcotráfico y productor de droga, inestable y corrupto, en el que no se respetan los derechos humanos. No es una democracia sino una monarquía teocrática con fuertes corrientes integristas islámicas.

Marruecos desea ser una potencia nuclear. Civil en principio, y esto ya es en sí mismo muy peligroso para España porque nuestro país va a correr ciertos riesgos sin poderlos prever en su origen. Pero militar en potencia, porque cualquier compromiso o promesa en este sentido no tiene por qué ser respetado por el actual régimen marroquí, ni mucho menos por el que lo pueda sustituir.

No hay ninguna garantía. Tampoco hay ninguna razón objetiva para correr el riesgo, ya que Marruecos no tiene vecinos amenazadores dotados en potencia de armamento nuclear. La defensa de la independencia y soberanía marroquí no exige la categoría de potencia atómica; y así, paradójicamente aunque por suerte a largo plazo, un Marruecos con centrales nucleares tiene mucha menor justificación que un Irán con sus proyectos atómicos.

España, que es el principal país afectado, debe tener todas las garantías sobre el programa nuclear marroquí. No sólo los habituales controles internacionales, sino un acuerdo bilateral que nos permita gestionar un riesgo que corremos, y que correremos independientemente del destino político de Marruecos. Nuestra seguridad civil y militar lo exige: cuando pensemos en Tan Tan recordemos Perejil.

Por Pascual Tamburri Bariain, 29 de agosto de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.