Zapatero no es dueño de la Corona

Por Pascual Tamburri Bariain, 11 de septiembre de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.

Zapatero parece tentado a usar al Rey como instrumento de su errática política exterior. No es lo que la Constitución y la prudencia aconsejan a la Corona.

La «Alianza de Civilizaciones» de José Luis Rodríguez Zapatero es la dimensión internacional de su programa electoral. Una cuestión esencialmente política, que el PSOE ha articulado como respuesta a su decisión de abandonar el vínculo atlántico, y de explicar dentro y fuera de España las sucesivas contradicciones que han ido desde la salida precipitada de Irak a la implicación total en Afganistán.

Esta idea de Zapatero es perfectamente legal, ya que al Gobierno corresponde la dirección de la política exterior de la nación. En otro contexto cabría discutir su legitimidad de origen, y se discute obviamente su oportunidad y su auténtica entidad. No es ni una idea original, ni probablemente la mejor idea para defender los intereses del país, si se tratase de eso. Pero es, sobre todo, la base sobre la que Zapatero y Moratinos cimentan su llegada al poder y su intento de deslegitimar al centro derecha.

La «Alianza de Civilizaciones» nace contra El partido Popular y la política exterior de José María Aznar. Es la política, antes del 11 M, de las vistas sumisas a Marruecos y de las manifestaciones vociferantes contra el Gobierno. Es la política del 11 M y los días inmediatamente posteriores. Y es la política de retirada general y de sumisión a los poderes fuertes del mundo, de alianza con el chavismo venezolano y de negación del peligro islamista. Es la política adoptada por el corrupto secretario general de la ONU, Kofi Annan, y del encargado de la operación, el no menos corrupto Iqbal Riza. No es una política de Estado permanente, sino una política de partido.

Constitucionalmente, la Corona tiene un papel representativo dentro y fuera de España, y se coloca por definición fuera del debate político. El Rey va a intervenir ante a la Asamblea General de las Naciones Unidas, y se plantea que lo haga en defensa de esa «Alianza» más allá incluso de lo debido. Sería un error por parte de Zapatero pedirlo o pretenderlo, y una imprudencia por parte de La Zarzuela aceptarlo.

No menos imprudente, aunque tal vez para algunos necesario, sería que Don Juan Carlos sirviese de embajador de Zapatero ante George Bush. Zapatero es el mismo que no se levantó en 2003 ante la bandera norteamericana, y que puso en graves dificultades a Estados Unidos en Irak. Su Majestad el Rey no consideró adecuado implicarse en su momento con la política exterior ambiciosa de José María Aznar; sería un mal objetivo para España que ahora sí lo hiciese con la política débil y errática de Zapatero. Además de arriesgarse a un fracaso, pondría en discusión cosas que desde hace décadas no se tocan, y es mejor no tocar.

Por Pascual Tamburri Bariain, 11 de septiembre de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.