El PP, partido de oposición … y de Gobierno

Por Pascual Tamburri Bariain, 31 de octubre de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.

Llevamos más de un año discutiendo si el PP hace bien su tarea de oposición, cómo debe enfrentarse a las iniciativas a veces disparatadas del Gobierno de Zapatero, y en qué asuntos debe buscar en cambio el consenso. Y creo que toda España ha opinado sobre el asunto. Pero sobre todo, que es lo que importa, ha opinado Mariano Rajoy, que al fin y al cabo es el depositario de la legitimidad de sus diez millones de votos. Y ha definido un estilo de oposición flexible, firme en los principios esenciales, suave en las formas, dialogante y sin espacio para la bravata. Puede gustar o no -y la gestión del asunto catalán no gusta a muchos, pero sí a quien esto escribe-, pero ahí está y, de momento, funciona.

Ahora bien, nos estamos engañando todos. El PP es, desde luego, oposición en el Congreso de los Diputados, aunque tiene el Grupo Parlamentario de oposición más numeroso y potente de nuestra historia parlamentaria. Es oposición porque Zapatero está en La Moncloa. Y es oposición, ay, porque los medios de comunicación mayoritariamente están con la izquierda. Pero sería olvidar que en muchos ámbitos de nuestro Estado el PP ya es mayoría y es Gobierno. Así es en el Senado y en muchos Ayuntamientos, por ejemplo.

Y mayorías amplias tiene también el PP en bastantes Comunidades Autónomas. Salvo sorpresa o desastre nacional, las elecciones municipales y autonómicas de 2007 serán antes del final de la legislatura, y los de Mariano Rajoy tienen que gobernar hasta entonces Castilla y León, La Rioja, Navarra (“por poderes”), Madrid, la Comunidad Valenciana y Baleares con eficacia y brillantez. ¿Cuál es allí la manera de hacer oposición? Gobernando bien al servicio de la gente, para revalidar y ampliar mayorías que sustenten un retorno posterior a La Moncloa.

Allí donde es Gobierno, el PP tiene que ser Gobierno. No basta protestar contra las iniquidades nacionales y regionales de Zapatero, hay que conseguir cosas para los ciudadanos, y si es preciso -lógicamente- obteniéndolas del Gobierno de Zapatero. Juan Vicente Herrera, Pedro Sanz, Miguel Sanz, Esperanza Aguirre, Francisco Camps y Jaume Matas son personas expertas, y saben su oficio. Pero sobre todo no deben ceder a la tentación de la oposición vociferante pura y dura, sino que deben alternar su papel de gobernantes con su misión de opositores; y dentro de esto, como ya hace Rajoy, distinguiendo la contundencia en lo esencial y la inteligencia en las formas y en los tiempos.

El PP se juega en esas regiones el futuro de Rajoy, así de claro. Bueno, y más aún allí donde es oposición “pura y dura”. No olvidemos que Zapatero ganó en 2004 simplemente con la diferencia de votos del PSC sobre el PP, así que Josep Piqué tendrá toda la libertad de movimientos que pide sólo hasta que en 2007 se demuestre si es capaz de salvar ese foso. Oposición en Cataluña, la única oposición además: una renta que debe concretarse.

Y otro que debe andar preocupado es Javier Arenas. Porque se da por descontado que Manuel Chaves controla el granero de votos andaluz como si fuese un cortijo, pero un PP que renuncie a ser allí oposición -oposición inteligente y rentable, no una simple plañidera- verá cada vez más lejos La Moncloa. Rajoy no lo tiene fácil, pese a lo que digan los “pelotas”, que los hay. Hay que ampliar lo que se tiene y conquistar lo que no se tiene; con trabajo, todo es posible.

Por Antonio Martín Beaumont y Pascual Tamburri Bariain

Por Pascual Tamburri Bariain, 31 de octubre de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.