La agricultura española paga los errores de Zapatero

Por Pascual Tamburri Bariain, 22 de diciembre de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.

En la Unión Europea y en la OMC la diplomacia española de Moratinos y Zapatero ha sido incapaz de encontrar aliados para defender nuestros intereses.

En la última semana se han sentado las bases para el futuro de la agricultura europea. En el seno de la Unión Europea, el primer ministro británico Tony Blair ha logrado un acuerdo presupuestario, que afecta de manera directa a España y de manera muy especial a su sector primario. En la Organización Mundial de Comercio la Unión Europea ha hecho concesiones en su agricultura y su ganadería a cambio de beneficios que España no disfrutará.

Tras una negociación difícil, la Unión Europea tiene un esbozo de Presupuesto hasta 2013. No era fácil, ya que los recursos disponibles disminuyen y las necesidades se multiplican. Como resultado final, la delegación española -que Miguel Ángel Moratinos sólo presidió parte del tiempo, ya que viajó a África por otras razones- logró que España, con sólo el 8% de la riqueza de Europa, en el mejor de los casos, pague el 25% del coste de la ampliación hacia el Este. En efecto, los grandes países no aumentan su contribución, y el grueso de los fondos se obtiene de retirárselos a España. Para ser precisos, a la agricultura española, en buena medida.

Puede objetarse que era inevitable, pero no es cierto. José Luis Rodríguez Zapatero, como presidente del Gobierno, no consiguió apoyo ni para sacar adelante una alternativa ni para bloquear el plan británico. El “eje” francoalemán defendió sólo sus intereses, y la maniobra de aproximación a Italia a última hora fracasó por completo. No sólo el Gobierno de Silvio Berlusconi es ideológicamente opuesto al de Zapatero -como no han dejado torpemente de recordar los socialistas- sino que ha encontrado mejores maneras de defender sus intereses, sin contar con una España inestable. Al final, de las dos grandes agriculturas mediterráneas Italia obtiene 1.400 millones de euros adicionales de fondos estructurales y 500 millones más para el desarrollo rural. Así, el ministro de Agricultura Gianni Alemanno puede presumir frente a su colega española Elena Espinosa de haber logrado una ventaja competitiva en Europa, con el menor recorte de toda la Unión. Lo que para Italia no era inevitable, para España sí.

Pero no terminan ahí los problemas para la agricultura española. En la cumbre de Hong Kong de la Organización Mundial de Comercio se ha respetado el acuerdo vigente sobre la Política Agrícola de la Unión Europea, pero sólo hasta 2008. Después, Europa deberá modificar su sistema agrícola, y ya se ve cómo afrontan Zapatero, Moratinos y Espinosa las negociaciones. Europa conserva un buen margen de negociación sólo en lo relativo en los subsidios a las exportaciones y en la protección de las Denominaciones de Origen, pero los temas que afectan de manera decisiva a España -por ejemplo, los cereales de secano- están en peligro.

España necesita una política agrícola. Da igual cuál, ahora mismo; puede discutirse si deberá ser más liberal o más social, pero lo cierto es que debe haber una posición, una doctrina, una defensa organizada de los intereses del país. Los políticos y los altos funcionarios, en los foros internacionales, deben ser conscientes de que de su trabajo depende el futuro de miles de familias, de miles de pueblos, de antiguas tradiciones y de regiones enteras. Todo eso está en juego, y Zapatero no ha encontrado aliados para defenderlo.

Por Pascual Tamburri Bariain, 22 de diciembre de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.