ETA sigue contando

Por Pascual Tamburri Bariain, 25 de diciembre de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.

ETA sigue viva desde el franquismo y la transición, y los rumores de negociación refuerzan su estructura y aumentan el peligro de atentados.

El terrorismo ha sido un factor distorsionante de nuestra democracia. ETA y en su momento otros grupos criminales como GRAPO, FRAP o Terra Lliure condicionaron la Transición desde la dictadura. ETA se sobrevivió a sí misma, alterando la voluntad de parte de los españoles, creando miedo y sembrando destrucción. Además, en 2004, el terrorismo ligado al islamismo conmocionó la vida social y política del país. Y ETA, después, ha recobrado mucha de la fuerza perdida durante los Gobiernos de José María Aznar.

José Luis Rodríguez Zapatero preside legal y legítimamente el Gobierno de España a raíz de las elecciones de marzo de 2004. Pero lo hace sin una mayoría suficiente, y con un programa electoral y unos aliados parlamentarios radicales. Su promesa reiterada de que acabará con el terrorismo de ETA le ha llevado a una serie de pasos que, en lo que se conocen, son problemáticos. Pero ETA no ha dejado de existir.

Desde que Zapatero gobierna ETA no mata; pero ha aprovechado estos dos años para reorganizar sus comandos y su estructura armada, para reclutar nuevos futuros asesinos, para reactivar el terrorismo callejero y el cobro del impuesto revolucionario. ETA no matará en Cataluña ni cargos públicos, es cierto, pero extorsiona, coacciona, pone bombas y destruye. Podría incluso haber matado y, por lo que sabemos, tiene capacidad de hacerlo en cualquier momento.

Zapatero ha vinculado su destino político al fin de ETA, a través de una negociación de límites borrosos y de dudoso destino. Pero en las negociaciones, en buena lógica, cada parte trata de reforzar su posición para obtener más concesiones del adversario. Y ETA, en una hipotética negociación con Zapatero, lo único que tiene que ofrecer es precisamente su violencia. Así que, desde el punto de vista de los terroristas, toda demostración de fuerza es una contribución a su meta política.

España vive, una vez más, en alerta ante la amenaza de ETA. Desde el franquismo nunca ha cesado esa coacción, pero en este momento preciso de nuestra historia, con un Gobierno débil y la cuestión regional abierta, ETA va a mostrar su rostro más peligroso. Sus crímenes dejaron de tener importancia política cuando el PP y el PSOE se pusieron de acuerdo en sacarlos del debate político, a través del Pacto por las Libertados y contra el Terrorismo. Hoy ese pacto está roto, y han vuelto algunos de los peores fantasmas de nuestro pasado. Uno de ellos es ETA, y debe solucionarse una situación insostenible.

Por Pascual Tamburri Bariain, 25 de diciembre de 2005.
Publicado en El Semanal Digital.