Zapatero va por fin a Ceuta y Melilla

Por Pascual Tamburri Bariain, 29 de enero de 2006.
Publicado en El Semanal Digital.

El aplazado viaje del presidente del Gobierno de España a las ciudades norteafricanas, suaviza la inquietud por el compromiso del PSOE con ellas. Pero las dudas siguen.

Las dos plazas españolas del Norte de África, Ciudades Autónomas con su propio Estatuto constitucional, nunca han sido visitadas en democracia por un presidente del Gobierno en el ejercicio de sus funciones. Era lógico un cierto malestar al respecto. Y más lógica era aún una cierta inquietud ante el actual Gobierno, que llegó al poder en medio de gestos de amistad hacia el Reino de Marruecos, que nunca ha ocultado sus intenciones imperialistas respecto a esas ciudades, que son españolas antes de que existiese el país vecino.

Indudablemente la visita a la zona, durante el pasado otoño, de la vicepresidenta del Gobierno María Teresa Fernández de la Vega, unida al anuncio de una visita inminente de José Luis Rodríguez Zapatero, contribuyó no poco a tranquilizar los ánimos de ceutíes y melillenses. No son más que normales actividades de Gobierno, pero en las circunstancias de tensión que se viven en el interior de las ciudades, en las vallas fronterizas y en general en la relación con Marruecos era una noticia que alegró a muchos, fuesen o no votantes del PSOE. Porque Zapatero es, antes que líder de su partido, depositario de la voluntad del pueblo español.

Ahora bien, el retraso de Zapatero en la visita no ha dejado tranquilos a los afectados. Zapatero no infundía, de partida, demasiada confianza a los ciudadanos de Ceuta y Melilla, desde que como líder de la oposición consintió en retratarse ante un mapa del Gran Marruecos que, en las tesis expansionistas alauitas, incluye ambas ciudades y el resto de zonas de soberanía española en África. Ni el 11 M ni los primeros meses de gestión socialista del poder ayudaron mucho a mejorar las cosas; las avalanchas de inmigrantes ilegales instigadas desde Marruecos y mal atajadas desde Madrid llevaron la tensión a su extremo. Esa tensión se relajó con el anuncio de la visita.

No es una novedad en Zapatero que las decisiones más importantes se tomen por inacción. La relación privilegiada con Polonia, que tan buen resultado dio a José María Aznar en la Unión Europea, se rompió también por un viaje suspendido de Zapatero. Y ya se ha visto el fruto de nuestra adhesión a un «eje» francoalemán que ya no existe y que nunca nos necesitó. En el caso de Ceuta y Melilla Zapatero se debate entre la voluntad de Marruecos, con quien desea mantener su buena relación personal y de partido, la indiferencia general de la izquierda hacia la españolidad de las dos ciudades, la exigencia constitucional de defenderla y la evidente voluntad popular de hacerlo. Tal vez eso explique la dilación en la visita.

Hay que felicitar a Zapatero por viajar a Ceuta y Melilla. Haciéndolo, cumple sus obligaciones como presidente del Gobierno de España, que son superiores a todas las demás. Es una obligación de su cargo, que ni siquiera puede entender delegada a la Corona porque los españoles recuerdan bien la diferente importancia de los compromisos de un presidente electo y los de un Rey con legitimidad y funciones muy diferentes. Ceuta y Melilla son España y Zapatero debe defenderlas como tales sean cuales sean sus convicciones y conveniencias. Felicidades, pues.

Por Pascual Tamburri Bariain, 29 de enero de 2006.
Publicado en El Semanal Digital.