Las dos caras de Aralar

Por Pascual Tamburri Bariain, 24 de marzo de 2006.
Publicado en El Semanal Digital.

La memez de la semana: «se puede justificar atentar contra las Fuerzas Armadas o los cuerpos policiales»

La memez de la semana: «se puede justificar algunos atentados»

Patxi Telletxea, director de la Escuela Oficial de Idiomas de Navarra, es representante de «Aralar» en el Parlamento foral. Tiene buena fama entre la clase política, y se le conoce como hombre moderado en las formas y convincente a su manera, a pesar de representar al único partido legal que hasta la tregua no ha condenado con fórmula plena los crímenes de ETA.

En una reciente entrevista Telletxea ha recordado quién es, de dónde viene y cuál es su meta. Porque Telletxea fue un cargo electo de Herri Batasuna en los años en los que la banda terrorista ETA cometía continuos y horrendos delitos; los sostuvo con su acción política mientras que su partido colaboraba en la organización de atentados y recaudaba el impuesto revolucionario de los navarros. Tales eran los métodos con los que entonces se pretendía llegar a la independencia del País Vasco previa la anexión de Navarra.

Miguel Sanz aclaró en la primavera de 2003 una idea importante en este caso y en otros muchos: «las personas tienen derecho a evolucionar y ahí tenemos personas que han pertenecido al entorno de ETA que hoy defienden los valores esenciales de nuestra democracia». No sólo las personas cambian sino que también lo hacen las circunstancias, y ahí tenemos a Jon Juaristi, que perteneció a ETA en su juventud, o a Gregorio Peces Barba, que fue abogado de asesinos terroristas. Pueden cambiar legítimamente tanto las metas como los métodos, algo que celebramos como virtud de este sistema democrático.

En este sentido el caso de Aralar es un paso intermedio. Los seguidores de Patxi Zabaleta dijeron abandonar la violencia, pero nunca han renunciado a la «territorialidad» (es decir, a la sumisión de Navarra) ni a la «autodeterminación» (la independencia). Son batasunos en los fines, pero ahora no en los métodos; y pueden compartir -según dicen- el camino de los etarras en la medida en que dejen de practicar el terror.

La duda ha estado siempre en las razones de ese muy matizado cambio de Aralar. ¿Es fruto de la convicción moral de la maldad intrínseca del asesinato? ¿O es un cambio táctico, por razones pasajeras de conveniencia política? ¿Les parecía mal que ETA siguiese matando porque lo veían mal o porque creían que era malo en ese momento para llegar a sus metas antidemocráticas?

Gracias a Telletxea no quedan dudas. Para él, «una cosa es atentar contra representantes de las Fuerzas Armadas o de los cuerpos policiales represores …puedes justificarlo como una lucha de las armas contra las armas», pero «la violencia se ha ido degradando y termina con cosas sin sentido como una bomba en una discoteca de Urdax». Es decir, que la violencia de ETA sí tenía sentido y justificación en algunos casos, y que no todos los atentados terroristas han sido igual de malos. ¿Sólo son malos si estorban el proyecto independentista? ¿Pueden ser buenos si lo impulsan?

El problema no es teórico ni filosófico. Telletxea es una persona de la máxima relevancia dentro del proyecto nacionalista de «Nafarroa Bai». Los nacionalistas vascos concurrirán unidos a las elecciones forales de mayo de 2007. La única manera de que el PSOE pudiese llegar algún día a gobernar Navarra es con sus votos. Así, en un hipotético Gobierno presidido por Carlos Chivite tomarían decisiones quienes creen aún en un «terrorismo con sentido». Conviene recordarlo.

Por Pascual Tamburri Bariain, 24 de marzo de 2006.
Publicado en El Semanal Digital.