Ya no caben componendas con Zapatero

Por Pascual Tamburri Bariain, 1 de junio de 2006.
Publicado en El Semanal Digital.

Ante la evidencia de un doble diálogo entre Zapatero y ETA y entre el PSOE y Batasuna, Rajoy debería ser el líder de toda la oposición a la descomposición.

Llevamos dos años de «segunda transición» escuchando y leyendo que ETA no miente. La verdad es que ETA ha mentido cuando le ha convenido, pero hay que reconocer que jamás ha ocultado sus objetivos. Esas metas nunca han cambiado -independencia, Navarra, socialismo- aunque hayan ido cambiando de nombre -autodeterminación, territorialidad, proceso democrático.

Zapatero es de los que ha afirmado la veracidad de ETA. Hace pocos días el presidente nos recordaba su apoyo «pleno, constante y continuo» a la política antiterrorista de José María Aznar. Sin embargo, ese apoyo no fue tal, porque no incluyó plenamente la lucha contra el terrorismo islámico, y porque más de una voz explica ya que los contactos entre el PSOE y ETA no son precisamente recientes, y que se han establecido en violación directa tanto del pacto antiterrorista como de los compromisos del PSOE en el Congreso.

Zapatero se propone respetar la letra del pacto contra el terrorismo afirmando que el Estado sólo hablará con ETA de su desaparición «como organización, y del futuro de sus integrantes». Pero una verdad parcial es una mentira completa, y los mismos batasunos han desenmascarado a Zapatero.

Tras el comentario aparentemente firme de Zapatero el diario de la izquierda abertzale «Gara» planteó las dos preguntas decisivas: «La pregunta es otra: ¿Hablará ETA sólo sobre eso? ¿Hablará ­y acordará­ Zapatero con los partidos vascos sobre la libre decisión de los pueblos? El quid, ahí». Porque una cosa es lo que haga el Gobierno como tal y otras bien distintas pueden ser las que planteen los etarras por un lado y los partidos políticos, incluyendo PSOE y Batasuna, por otro.

Si Zapatero se limitase a hacer lo que dijo que su Gobierno haría él sabe que su «proceso de paz» terminaría en veinticuatro horas. ¿Mintió? Sencillamente se calló parte de la verdad. Zapatero se reparte los papeles con López, y el PSOE será el encargado de debatir con Batasuna los cambios políticos que ambas formaciones consideren oportunas.

¿A ustedes les suena esto a nuevo? No lo es. Es, sencillamente, lo que Batasuna viene pidiendo desde tiempo atrás. Patxi López quiere una mesa de negociación «incluyendo a la izquierda abertzale». Una negociación política con cambios políticos que satisfagan a todos, y especialmente a los ahora insatisfechos, es decir a los terroristas. Y por otro lado una negociación «técnica» entre ETA y Zapatero. Son las dos mesas pedidas y anunciadas por Arnaldo Otegi, el verdadero triunfador de la semana.

¿Qué gana con esto Zapatero? Nunca lo ha ocultado: la «paz». La paz de Zapatero consiste en poder anunciar el fin de ETA antes de unas elecciones y desde luego antes de explicar qué concesiones obtendrá de él el nacionalismo y sus terroristas. La «paz», como mera ausencia de crímenes de sangre, ya ha sido anunciada por Rafa Díez Usabiaga, para quien ya «no se puede desarrollar ningún proyecto político desde la violencia». ¿Para qué hacerlo, si ahora todo se puede conseguir a cambio de renunciar a la violencia? Zapatero, en realidad, ha intentado mentir pero nos ha dicho toda la verdad.

¿Qué puede hacer la oposición?

Ya no cabe hablar ni de siglas, ni de derechas, ni de izquierdas. Hay en marcha un proceso de transformación radical de España y de sus instituciones, o mejor dicho de disolución revolucionaria de España. El PP no sólo debe responder ante sus hasta ahora votantes, sino ante todos los españoles que no comparten ese proyecto, porque Mariano Rajoy es el único líder de toda la oposición. Una opción es atrincherarse en legalismos, en informes jurídicos, en barreras constitucionales supuestamente infranqueables y en sondeos de opinión. Se puede hacer, desde luego, pero sería extraño oponerse sólo con dictámenes eruditos a una revolución que está en la calle, en el poder político y en el poder mediático. El camino más verosímil para Rajoy pasa por romper toda relación con un Gobierno que ha roto la unidad antiterrorista del país, y plantear así la resistencia al «proceso».

Si no se hace así, Rajoy pasará a la historia, el PP perderá la posibilidad de volver al poder, y sobre todo la opción de cambiar las cosas cuando por hipótesis vuelva a La Moncloa. Las concesiones de Zapatero estarán blindadas legalmente, los nacionalistas vascos desean que haya al menos observadores extranjeros que garanticen la irreversibilidad de todos los pasos. Y los complejos del «centro» harían el resto.

Sin embargo, la posición de Rajoy no es mala. Las verdades por fin reconocidas por Zapatero marcan su camino, porque no caben componendas después de lo que esta semana hemos sabido. Es difícil saber cómo terminará todo esto, pues en palabras de Legolas Hojaverde «raros son aquéllos capaces de prever adónde los llevará el camino». Pero lo seguro es que, gane o pierda Zapatero, en el futuro no tendremos el régimen político nacido de la Constitución de 1978. Será otra cosa, y el camino será duro.

Por Pascual Tamburri Bariain, 1 de junio de 2006.
Publicado en El Semanal Digital.