Zapatero y ETA van ganando: una explicación desde el extranjero

Por Pascual Tamburri Bariain, 15 de junio de 2006.
Publicado en El Semanal Digital.

Hace unos días el periodista Omar Kamal tuvo la ocurrencia de entrevistarme sobre la situación española para la revista Area y para la web Destrasociale.org. Se trataba de explicar qué pasa en España a sus lectores italianos, y la cosa no fue fácil. Explicar en pocas palabras para un medio de la Derecha social italiana la situación de nuestro país ayuda a ver con más perspectiva lo que nos pasa: la izquierda y los nacionalistas se han lanzado a la revolución y la derecha no lo ve o cuando lo ve no sabe qué hacer. Gracias por la oportunidad, Omar.

P. En Italia, desde que Aznar perdió las elecciones la izquierda ha cultivado el «sueño de Zapatero», tomando al actual presidente del gobierno español como el ejemplo de lo que le falta, precisamente, a la izquierda italiana. Prodi, por suerte para nosotros, no es Zapatero. Zapatero está pues en los altares para la izquierda más llorona. Pero ¿cuál es tu opinión sobre Zapatero?

R. El presidente Zapatero representa aquí a esa parte de la izquierda que nunca ha aceptado totalmente la convivencia democrática. Es decir, considera que en una «verdadera» democracia sólo la izquierda tiene legitimidad para gobernar, y que sólo los valores de la izquierda son democráticos. En la práctica, en España, esta situación implica que el Gobierno socialista ignora desde 2004 a la mitad del país que ha votado al centroderecha; y que se están desarrollando políticas radicales contra la familia y contra la Iglesia, que se intentan legalizar la eutanasia y ampliar el aborto, que se construye una educación ideológica y se liberaliza totalmente la inmigración. Una política de extrema izquierda, por tanto, aplicada por un hombre que precisamente se reconoce en la Segunda República, es decir en el régimen radical que precedió inmediatamente la guerra civil de 1936. Un extremista de izquierdas, desde luego, pero para nada un tonto como en cambio querría creer un cierto «centro» liberal. Se ha aliado hábilmente con los separatistas vascos y catalanes y está dispuesto a pagar esa alianza con pasos hacia la independencia de esas dos regiones.

P. A menudo, leyendo los periódicos que hablan del «fenómeno español», me pregunto por qué nadie menciona las consecuencias a las que llevan -desde el punto de vista social- las reformas de Zapatero. Si nos tuviésemos que fijar sólo en las verdades oficiales de los grandes medios de comunicación italianos parecería que todos los españoles apoyan a este Gobierno.

R. Zapatero ha vencido democráticamente. Esto puede gustarnos más o menos, pero así son las cosas: después de una gestión objetivamente positiva de los Gobiernos de Aznar una mayoría de electores ha votado a Zapatero y parece que también ahora lo haría. Mayoría sí, pero no unanimidad. Más aún, la izquierda en el poder, y sobre todo «esta» izquierda radical, ha despertado partes de la derecha que parecían desaparecidas. Ha habido manifestaciones masivas contro algunas políticas extremistas, y hay una actividad cultural y mediática sin precedentes recientes. Toma como ejemplo Elsemanaldigital.com. Hace dos años éramos aún un semanario de ideas políticas en internet; hoy somos un diario con cien mil lectores cada día. Hay, cómo no, una resistencia. Aznar gobernó según su criterio, sin mirar mucho a la opinión de la gente, y sobre todo paradójicamente de «su» gente. Ahora empezamos a encontrarnos con una derecha que se redescubre movimentista, activa y plural. Ya veremos cómo gestionan la situación.

P. No hay duda de que las reformas de zapatero han creado una ruptura en el sistema español. Sin embargo, lo que todos envidian a Zapatero es la determinación con la que aplica un programa que en general se ve como extremista. Visto lo visto, parece que Zapatero está aplicando un programa planteado cuando pensaban que no podían vencer…

R. En el centroderecha español está de moda recordar que Zapatero ganó las elecciones de 2004 por poco y «por casualidad», es decir gracias a las bombas de dos días antes de las votaciones (bombas de las que todavía no se sabe el origen; en España estas cosas son una novedad…). Todo esto es verdad, y también es verdad que el programa electoral de los socialistas era muy radical, porque no esperaban ganar, y que se ha hecho aún más radical porque para gobernar Zapatero se ha aliado con los comunistas y con los distintos grupos regionales secesionistas.

Pero eso no exime de comprender «por qué» Zapatero: es decir, por qué millones de españoles (no la mayoría de los jóvenes, importa recordarlo) eligen precisamente un programa radical que lleva el país a la división, a la inmigración masiva, al matrimonio entre homosexuales, al caos económico, al genocidio de embriones, a la garantía de los derechos humanos a los gorilas pero no a los niños y así sucesivamente. El hecho es que Zapatero representa muy bien las metas de cierta izquierda: han renunciado a la lucha de clases pero no han renunciado a la destrucción de los valores tradicionales y de nuestras comunidades, empezando por las naciones. Y esto encuentra sólidos consensos en los grupos que, insatisfechos con la situación social y económica, ven en Zapatero una posibilidad revolucionaria. La revolución la están haciendo, no la revolución económica marxista sino una revolución cultural a la que un centroderecha meramente liberal no ha conseguido dar respuesta.

Hoy, con el Gobierno dispuesto a negociar concesiones a los terroristas separatistas vascos -vivo en Navarra, una región que ellos codician- Zapatero tendría de nuevo la mayoría. Puede ser que el sistema político esté a punto de hundirse; y puede ser también que haya regiones en las que los acionalistas quieran la independencia. Pero Zapatero expresa aún la voluntad de muchos votantes que se precupan sólo de la situación económica, que en definitiva aún es buena.

P. ¿Qué le ha pasado al centro derecha después de la victoria de Zapatero? En Italia, la caída de Berlusconi se ha sentido sólo a través de los medios de sus infatigables detractores, pero se equivoca quien piense que no volveremos a oír hablar de Berlusconi. Mientras que del centro derecha español en general y de Aznar en particular ya no oimos decir nada. ¿Es culpa de la prensa políticamente favorable a Zapatero o en España existe un verdadero problema en el centro derecha?

R. Ante todo hay que aclarar que las dos derechas -la española y la italiana- son muy diferentes por su historia y por su carácter, y también que los sistemas electorales son totalmenten distintos. El centroderecha español ha estado durante las últimas décadas políticamente unido, en el Partido Popular de José María Aznar, y esto por imperativo electoral. Lo cual no quiere decir que haya habido una derecha uniforme: es un centro derecha plural, en el que existen más o menos las mismas escuelas de pensamiento que se pueden encontrar en Italia. Diagmos que aquí el «partido único del centro derecha» lo tenemos ya casi desde que hay democracia, y la experiencia ha sido necesaria, aunque tiene desventajas. Aznar ha creado un partido vencedor, pero para conseguir que venciese ha favorecido sólo una ideología liberal-democrática, marginando en el seno de su partido otras tendencias, las católicas y las nacional-populares por ejemplo, de las que sustancialmente se acaparan los votos pero se olvidan los programas cuando se gobierna. .

Aznar no se presentó a las elecciones de 2004 sino que dejó como candidato del Partido Popular a Mariano Rajoy, que fue derrotado, en las circunstancias que te contaba antes, por Zapatero. Rajoy tiene que refundar el centroderecha, porque es un partido demasiado acostumbrado al poder, y porque tiene necesidad de todas las fuerzas -y por tanto de toda la variedad de personas y de ideas. El radicalismo de Zapatero auda a Rajoy a acercarse a las masas, pero la furia de la gente asusta a sus colaboradores más «moderados» y «políticamente correctos». En estos meses hay que decidir si seguir fieles a la ortodoxia liberal, y probablemente entonces quedarse largo tiempo en la oposición, o si cabalgar la indignación popular para intentar batir a Zapatero.

Es normal que esta situación no se conozca en Italia, porque cuando Aznar tuvo el poder no intentó crear grupos de comunicación cercanos a la derecha. Ahra todas las redes de televisión son favorables a Zapatero. Pero a pesar de todo su ventaja sobre Rajoy es como mucho de un 2%.

P. ¿Qué esperas de España en los próximos años, cuando las reformas de Zapatero probablemente sean absorbidas? ¿Piensas que los cambios sociales serán aceptados o que generarán una reacción contra cambios tan radicales?

R. En la sociedad, como te decía antes, hay una gran resistencia contra ciertas decisiones de Zapatero. Hay cosas que no podrán nunca ser absorbidas, salvo que la nación desaparezca, como las negociaciones para la indeopendencia del País Vasco. Otras decisiones, como la reforma educativa, tienen a mucha gente enfrente, pero me temo que si el Partido Popular llega al poder en sus actuales condiciones no cambie ciertas cosas; aunque la gente sinceramente lo espera. Un ejemplo entre los muchos posibles: en España hoy se pueden crear y destruir libremente embriones humanos. El PP votó contra esto, pero ¿habrá valor para cambiar drásticamente la Ley si llegan al poder? Ahí están las dudas, y también las razones para pedir a la gente que participe en la vida política y social, porque sólo una derecha plural, que puede expresarse muy bien en un solo partido político -más aún: debe hacerlo-, pero que no puede tener una única ideología monolítica, nos puede defender de manera verdaderamente democrática.

P. Zapatero ha sacado a España de la lucha contra el terrorismo internacional, pero parece que se ha abierto -con la intención de hacer concesiones- a los terroristas vascos. ¿No es una posición contradictoria sobre todo después de las bombas que han llevado al mismo Zapatero a su actual puesto? ¿No crees que precisamente ese atentado habría debido llevar a España a una reacción opuesta a la fuga de Zapatero?

R. Fueron días muy duros. Salíamos de la grantensión de la guerra de Irak, y llegó el atentado. Zapatero parece dispuesto a consevar el poder a cualquier precio. En este asunto, como en la gente hay un normal deseo de paz, se intenta presentar a los ciudadanos las concesiones a los asesinos como «pasos hacia la paz». Considerando que es un grupo terrorista separatista y marxista, sabemos que sólo su victoria total, la rendición del Estado al terrro, podría llevar a un final pactado. Si hay una reacción opuesta será en la parte de la sociedad que no esté dispuesta a rendirse, y esto puede llevarnos a una tensión muy grave.

P. Considerando las actuales condiciones del centroderecha español, ¿crees que podrá volver al gobierno de España precisamente como reacción a esta política de Zapatero? ¿Hay en España hoy un líder en condiciones de enfrentarse a Zapatero sin provocar las mismas fraturas que Zapatero ha causado?

R. España es un país en peligro, peligro incluso de desaparición o de conflicto civil si las cosas se ponen de verdad mal. Pero el mejor análisis de la situación de la derecha lo he leído hace poco precisamente de Teodoro Buontempo, un diputado italiano que hablaba de Italia con palabras que valen para la España de 2006: «el centro derecha se ha equivocado al lanzar siempre mensajes para complacer a sus enemigos políticos en vez de sus propios electores. Espero que este episodio sirva para despertar a la derecha, para intentar una respuesta a la supremaciá cultural de la izquierda y para cambiar el modelo de vida que, también la izquierda, se intenta proponer a los jóvenes». Ideas válidas para explicar también la situación española; sólo que nuestra derecha expresa su variedad peor que la italiana. Hay una estructura política eficiente, el Partido Popular, y un candidato capaz, Mariano Rajoy. Pero falta una tradición de participación, de movimiento, de cultura, de acción social y juvenil, incluso de lucha popular, lo que ha hecho posible la derrota electoral de 2004, con las calles tomadas por la izquierda, y lo que hace difícil la vida de esta derecha en la oposición. Espero sobre todo que no haya momentos violentos.

Por Pascual Tamburri Bariain, 15 de junio de 2006.
Publicado en El Semanal Digital.