Las relaciones entre Zapatero y Rajoy están rotas y tienen difícil remiendo

Por Pascual Tamburri Bariain, 2 de julio de 2006.
Publicado en El Semanal Digital.

ZP le pasa a Rajoy la factura de la negociación (o si no ¿Sentido de Estado o ingenuidad de Rajoy?)

Los populares creen que el presidente del Gobierno actúa con la máxima deslealtad hacia su partido, arrinconándolo, en busca de los premios electorales del llamado «proceso de paz».

Una crónica anunciada. José Luis Rodríguez Zapatero quería hablar con ETA y poder hacerlo desligado de la mano de Mariano Rajoy. El «número dos» del PP, su secretario general, Ángel Acebes, lo ha advertido desde el primer momento: «Quieren que les ayudemos a que la opinión pública digiera asuntos como el que llevan cuatro años en conversaciones con ETA y después nos darán de lado». Ahí se está.

El secretario de Libertades Públicas Seguridad y Justicia del PP certificó el sábado, por si había dudas, la brecha entre los dos grandes partidos españoles: el Gobierno se introduce de «forma unilateral» en este proceso, «prescindiendo absolutamente del criterio del PP» e introduciendo a los españoles en el «inframundo de la negociación con ETA», el Gobierno «no tiene ninguna confianza del PP» porque ha actuado con la «máxima deslealtad», dijo Ignacio Astarloa durante una rueda de prensa en el cuartel general popular.

La antesala de la inconstitucional autodeterminación

¿Sorpresa? Quizá el formato escogido por el presidente para anunciar el diálogo con los terroristas: una rueda de prensa en el Congreso de los Diputados, dos días antes del ultimátum para emprender el camino dado por el diario Gara del 1 de julio. Encima, se filtra a los medios que no se ha llevado el asunto ante el Pleno del Congreso, a lo que se había comprometido reiteradamente el jefe del Ejecutivo, para no ahondar las diferencias en materia de terrorismo con el PP. Por lo demás, nada nuevo bajo el sol.

Ni siquiera la promesa de Zapatero de acatar lo que decidan los ciudadanos vascos es una sorpresa. Por más que con ella se acepte, por primera vez, la clásica reivindicación nacionalista del «ámbito vasco de decisión», antesala de la inconstitucional autodeterminación. La Constitución se basa en la soberanía del pueblo español. De todos los españoles. No es posible dividirla. En el momento en que la soberanía se parcele el camino de la nación española, tal como es, será inviable.

¿Sentido de Estado o ingenuidad de Rajoy?

El presidente del Gobierno y el PSOE han utilizado –según unos– el sentido de Estado y –según otros– la ingenuidad del líder de la oposición para normalizar los primeros pasos del proceso de paz en el País Vasco. Ahora, ha llegado el momento de apuntarse en solitario a los premios electorales que creen se obtendrán del triunfo final expandiendo, además, la idea de que se llega a la esperada paz a pesar del «desleal» PP, que se dedica a poner palos bajo las ruedas en un camino -el del final del terrorismo etarra– ya de por sí tortuoso y complicado. Esa es la estrategia socialista.

¿Para qué se propaga tal idea de deslealtad del PP cuando se ha empujado a los de Génova –por activa y pasiva– a no poder subirse al carro? Pues para aminorar riesgos, señalan fuentes del PP. Por si algo falla y los pistoleros retoman sus crímenes. Por más que desde La Moncloa y Ferraz se insista en que ETA no tiene marcha atrás después de estos tres años ya sin matar.

También -señalan las mismas fuentes– se propaga la idea de deslealtad popular por si la opinión pública se tuerce más de lo debido ante la marcha de las conversaciones y es imprescindible adelantar las elecciones generales. En fin, para a su debido tiempo pasarle factura electoral al PP. La impresión que se pretende instalar en los ciudadanos españoles desde los terminales gubernamentales es clara: Zapatero quiere el fin del terrorismo; Rajoy quiere que vuelvan los crímenes en España. Punto.

La política puede ser así de canalla. Y a día de hoy la dirección socialista parece no tener límites. Aunque ahora parece que al menos desde principios 2004 en este tema de Estado no ha tenido ni límites ni escrúpulos.

Por Antonio Martín Beaumont y Pascual Tamburri Bariain

Por Pascual Tamburri Bariain, 2 de julio de 2006.
Publicado en El Semanal Digital.