Isabel Pantoja se come vivos a Zapatero y a Rajoy y da una lección de lo que es noticia

Por Pascual Tamburri Bariain, 21 de julio de 2006.
Publicado en El Semanal Digital.

España vive feliz. Ahora de veraneo, o casi. Algunos políticos, mientras, instalados en la «emergencia nacional» permanente no quieren sacar las lecciones que a diario da la prensa del corazón.

Mariano Rajoy puede ser zarandeado e increpado por opositores políticos en Benavente; José Luis Rodríguez Zapatero se fotografía con «palestino» al cuello entre jóvenes militantes socialistas en Alicante y el PSOE con Pedro Zerolo en cabeza organiza una manifestación contra Israel tratando de sacar el mismo rédito a la desproporción judía de estas semanas en el Líbano que a la foto de las Azores predecesora de la guerra de Irak; el asesino terrorista de ETA Txapote es juzgado de nuevo en la Audiencia Nacional adonde acude con cara de chulo –aunque algo más templado por orden de ETA que en el juicio por el asesinato de Miguel Ángel Blanco– tratando de amedrentar a víctimas y jueces que le juzgan por el crimen del socialista Fernando Múgica… ¡Y qué más da!

Lo que más interés despierta a la opinión pública española es que Julián Muñoz, el novio de la tonadillera Isabel Pantoja, ha ingresado en la prisión de Málaga por los casos de corrupción del Ayuntamiento de Marbella. Es decir, por llevarse el dinero de todos los malagueños a su casa. Pero, ¡ojo!, no interesa la corrupción en sí, ni que el asunto esté domiciliado en una corporación municipal, lo realmente importante es la popularidad y el morbo que despierta la cantante sevillana, la viuda del torero Francisco Paquirri, representante de lo más cañí de este país, fenómeno de masas desde hace muchos años y portada una y otra vez de todo tipo de prensa incluida la del corazón.

España vive feliz. Ahora de veraneo, o casi. Y algunos políticos no se enteran. La mayoría de españoles no quieren problemas añadidos -bastante tienen con los de su vida cotidiana– y cambian de canal cuando la clase política se tira los trastos a la cabeza. «Esto es solo para ‘friquis’ de la política», dicen incluso algunos jóvenes. Los asuntos políticos hace tiempo que no conectan con el gran público. Cosa distinta es si los que se tiran del moño son los verdaderos «famosos». Las peleas del «famoseo» preocupan en su justo término: es un nuevo circo para millones de españoles que mientras disfrutan por televisión, revistas o periódicos malician que tanta disputa se debe más a intereses del guión que a auténticas inquinas personales.

Esto mismo, aunque con diferente melodía, se refleja de continuo en las encuestas que llegan a la mesa de Zapatero y Rajoy: No gana las elecciones el político mejor sino quien menos rechazo tiene entre los ciudadanos: no se vota a alguien sino que se vota contra alguien. De ahí la preocupación que reina en la dirección del PP al observar el grado tan alto de rechazo que tiene su partido. «Se está llegando a niveles semejantes a los que tenía don Manuel -Fraga– en los ochenta», señala un dirigente con despacho en el edificio de la gaviota azul de la calle Génova que sabe de esto. También la preocupación de un socialismo abandonado por sus votantes que ha visto cómo en sus feudos tradicionales de votos en Cataluña la participación en el último referéndum no ha alanzado ni el 40%.

Una gran mayoría de españoles no se interesa por las cosas que preocupan a la clase política, ni por las que mvilizan a los españoles preocupados por la vida pública, lo mismo da a derecha e izquierda. Pero eso no es para reprochárselo a la gente normal, sino a muchos políticos, que parecen haber olvidado que la nuestra es una sociedad postmoderna, una sociedad «del espectáculo» en la que las formas, los tonos, las imágenes y los temas empleados para movilizar y para atraer no pueden ser los que los políticos viven «de puertas adentro». ¿Los españoles «pasan de política»? No, pero «pasan» de cómo los políticos venden el producto. Ejemplos no faltan. Si un líder empieza hoy a hablar de patriotismo aburre hasta a las ovejas; pero si sintoniza con el fenómeno futbolero consigue una masa juvenil que no se va a mover para ir a conferencias de patriotismo constitucional. Si un político empieza hablar de justicia social se va a quedar con los militantes convencidos de toda la vida; pero si sabe navegar en las aguas de la prensa rosa tendrá éxitos inesperados.

La gente está harta de políticos que gritan que viene el lobo y quiere representantes capaces de construir una cerca que resguarde al ganado. Las noticias del corazón, si se saben leer, también dicen esto.

Por Antonio Martín Beaumont y Pascual Tamburri Bariain

Por Pascual Tamburri Bariain, 21 de julio de 2006.
Publicado en El Semanal Digital.