Moratinos se equivoca buscando apoyo de Iberoamérica al «proceso»

Por Pascual Tamburri Bariain, 31 de octubre de 2006.
Publicado en El Semanal Digital.

La Cumbre Iberoamericana que organiza y preside Uruguay tiene a partir del próximo viernes una agenda propia y abundantes asuntos de interés común que tratar. España y Portugal tienen una relación secular con las naciones americanas, hijas y hermanas, cuyos problemas compartimos y que no sólo tienen un pasado en común sino que constituyen una dimensión inexcusable de nuestra presencia en el mundo. Hasta hoy, los gobernantes españoles se han abstenido de exportar diferencias políticas al otro lado del Atlántico, pues se entendía que la comunidad hispanoamericana no debía servir de excusa para nuevas divisiones o para debates internos.

José Luis Rodríguez Zapatero como presidente del Gobierno de España y Miguel Ángel Moratinos como ministro de Asuntos Exteriores tienen la tentación de liquidar esa venerable tradición para llevar más agua al molino del «proceso de paz» con la banda terroristas ETA, que es hoy el centro de la política del PSOE. Intentar que los países iberoamericanos apoyen el «proceso» sería algo más que un error: supondría un ataque a la dignidad de la relación establecida a lo largo de los siglos, y daría voz en los asuntos españoles a algunos gobernantes que no la merecen.

El terrorismo de ETA es un problema interno español que queda encuadrado en la aplicación de nuestras leyes penales. La imagen de un ministro de España pidiendo el apoyo al «proceso» por parte del régimen comunista cubano de Fidel Castro, del populismo del golpista venezolano Hugo Chávez o del indigenista boliviano Evo Morales supondría un lastre permanente para nuestra dignidad como país y descalificaría ante la Comunidad Internacional el modo de hacer las cosas de nuestro Gobierno.

¿Qué pueden aportar esos regímenes al «proceso» de Zapatero? Una larga experiencia en el apoyo a «movimientos de liberación», guerrillas, terrorismo y golpes de Estado antidemocráticos. Los etarras aún reciben refugio e incluso puestos de responsabilidad en la Venezuela de Chávez, después de haber sido acogidos en las décadas pasadas en la Cuba castrista. Si esos Gobiernos apoyan el «proceso» habrá que pensar lo peor de éste.

El nacionalismo vasco, y no sólo ETA, se ha embarcado en una búsqueda desesperada de apoyos exteriores, intentando internacionalizar un conflicto inexistente. La internacionalización serviría, por un lado, para dar al independentismo una categoría de la que carece por sí mismo y por otro para consolidar a modo de hipoteca exterior para futuros Gobiernos lo que Zapatero prometa o entregue a la banda. El lehendakari Juan José Ibarretxe ha viajado varias veces a países americanos solicitando apoyo para su plan soberanista, y ha obtenido por ejemplo apoyos en el Senado de Chile, donde veteranos democristianos como Eduardo Frei se han unido a la izquierda para apoyar al nacionalismo.

La acción exterior del Estado debería ir orientada a que los pueblos iberoamericanos conociesen la crueldad del terrorismo e identificasen en éste el problema de los vascos, sin considerar la propaganda nacionalista. Llevar el apoyo a un «proceso» indefinido a la Cumbre implica ir exactamente en la dirección contraria a la que Moratinos habría debido escoger si quisiese defender los intereses de España. Que es su único deber.

Por Pascual Tamburri Bariain, 31 de octubre de 2006.
Publicado en El Semanal Digital.