Zapatero, obstinado en el error, está empeorando el peor error de Aznar

Por Pascual Tamburri Bariain, 1 de enero de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.

La legislatura ha terminado, y el «proceso de paz» debería terminar aquí, según la voz de la calle. ¿Pero cómo se escucha esa voz desde La Moncloa?

El atentado cometido el día 30 de diciembre por banda terrorista ETA en el aparcamiento de la Terminal 4 del Aeropuerto de Barajas no ha tenido sólo dos víctimas mortales, los ciudadanos ecuatorianos Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio a los que el Gobierno de Ecuador ya ha dado por muertos, ni decenas de heridos o miles de afectados: los ciudadanos tienen ante sí, agonizante, la principal de las políticas del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Si el «proceso de paz» es como el presidente se lo contaba a los españoles sólo unas pocas horas antes del bombazo, el Gobierno se ha quedado sin discurso político creíble y la legislatura, de hecho, ha muerto.

Dijo el presidente que ETA ha cometido «el mayor de los errores»; realmente millones de españoles creen hoy que el error fue de Zapatero, al jugarse la mayoría parlamentaria lograda en 2004 tras un atentado terrorista a la única carta de acabar con el terrorismo independentista. Esto, para el politico que según el concejal madrileño Pedro Zerolo sigue siendo el «presidente más valiente que ha tenido España», más que valentía ha sido inconsciencia. Y la indignación entre al gente sube, junto a la desilusión.

Quien a hierro mata, a hierro muere

Ciertamente hay una cosa peor que crear ilusiones entre los ciudadanos y luego defraudarlas; y esa cosa, la peor que puede hacer un político en democracia, es no escuchar, no sentir incluso, lo que la gente normal siente y vive. Zapatero puede ahora acordarse de José María Aznar, quien tenía grandes proyectos, para él indiscutiblemente buenos, pero que con ocasión de la crisis de Irak no acertó a comunicarlos, y eso colocó a una mayoría social no sólo contra su política sino incluso, en medio de circunstancias extremas, contra su partido. A Zapatero le ha pasado lo mismo, y además estaba avisado, con lo cual están de más todas las peticiones desde la sede socialista de la calle Ferraz o desde los diferentes ministerios de que «no se puede hacer política con el terrorismo»: teniendo en cuenta cómo fue la jornada de reflexión de 13-M lo único que puede hacer ahora el PSOE es dar gracias por la prudencia y el sentido de Estado que está exhibiendo el PP ante semejante ocasión.

Las concentraciones de repulsa convocadas en las principales ciudades de España por la Federación Española de Municipios y Provincias, la manifestación de las víctimas del terrorismo en la Puerta del Sol de Madrid y las que se han convocado para hoy mismo ante los Ayuntamientos están siendo ocasión de mostrar descontento con el Gobierno; pero es que el Gobierno había dicho que el «proceso» seguía, que las cosas iban bien, que iban a mejorar y que, como mucho, podría haber algun accidente. El accidente ha sido sangriento y para una mayoría de los españoles Zapatero ha dejado las cosas peor de lo que estaban: heredó una ETA acorralada, impotente y deslegitimada y el «proceso» le ha devuelto el oxígeno sin lograr ningún tipo de paz.

Un futuro incierto, aunque Zapatero lo tiene muy claro

El presidente Zapatero, borrada de su cara la sonrisa del satisfacción del día anterior, ha hablado de «suspensión» y no de ruptura del proceso de paz con ETA; y no es un error sino una decisión explícita: aunque la broma sea macabra es verdad que para él esto no es más que un «accidente» en el recorrido, que desea seguir. No sólo los tres años que llevamos de legislatura han estado marcados por esta idea, sino que en La Moncloa la idea sigue siendo la misma: conseguir el fin de ETA negociando políticamente con la banda, eso sí cuando se vea una cierta voluntad de no matar. Así que volveremos a las verificaciones de Rubalcaba, pero no al Pacto Antiterrorista.

Zapatero se ha basado en un equívoco, y es que él, como todos, ya sabía que ETA no tenía ninguna intención de desarmarse y mucho menos de desaparecer gratis: ya tenía datos suficientes de kale borroka, de extorsión a empresarios, robo de armas y construcción de zulos. ETA quería negociar, peor no renunciar a las armas, como ya ha quedado demostrado.

Ahora bien, lo llamativo es que el «proceso» sigue vivo por las dos partes. La idea de una suspensión d las negociaciones que no implica una ruptura de las mismas sino un momento de desacuerdo entre los interlocutores no es exclusiva de Zapatero, sino que la comparte el diario abertzale «Gara» y es sustancialmente lo anunciado en el último «Zutabe» de ETA: el atentado como parte de la negociación y no como final de la misma. Porque ETA sigue queriendo negociar, y Zapatero parece que también. Y lo tiene claro, aunque ha pasado lo que ha pasado.

La solución, en Madrid

¿Puede hacer Zapatero lo que está haciendo? Mientras sea presidente del Gobierno de España y se atenga a lo indicado por el Congreso de los Diputados -o sea, mientras tenga una mayoría en la Carrera de San Jerónimo- puede; otra cosa es que la mayor parte de la gente esté de acuerdo, que no lo está. La oposición, es decir, ahora mismo, el PP, tiene en cambio la obligación de advertir de las consecuencias de todo esto, y Mariano Rajoy lo tiene muy fácil, ya que le bastará repetir lo que siempre ha dicho: que la lucha contra ETA va debe continuar a través del acoso policial y judicial

y con el instrumento de la Ley de Partidos, basado en el acuerdo entre los dos grandes partidos democráticos en no prestar ninguna forma de legitimidad política al terrorismo.

Zapateor puede no escuchar al PP, y puede seguir haciendo lo que ha venido haciendo, contra viento y marea popular. Puede, mientras no se llegue a las urnas, donde tendrá que explicarse, y mientras la coalición de partidos que lo ha sostenido en el Congreso se mantenga unida. En cualquier caso, el error es de Zapatero y la experiencia indica que le resultaría mejor escuchar la voz de la calle que la del empecinamiento. No es «esperanza de paz» sino obstinación en lo que muchos votantes del PSOE llaman ya error.

Por Antonio Martín Beaumont y Pascual Tamburri Bariain

Por Pascual Tamburri Bariain, 1 de enero de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.