«Zaplanistas» y «campistas» lían a Rajoy en una pelotera mediocre

Por Pascual Tamburri Bariain, 27 de enero de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.

Los trapos sucios «de altos vuelos» en el PP hay que lavarlos entre las maderas nobles de la séptima planta del edificio de la gaviota azul de la calle Génova.

Valencia vale mucho más que una Caja

El Partido Popular tiene, en estos tiempos convulsos protagonizados por el terrorismo y por proyectos políticos más o menos radicales, una responsabilidad institucional sin parangón. Mientras que el otro gran partido nacional, el PSOE, se presenta ante los ciudadanos perplejo y dividido por las ambiciones y resbalones de José Luis Rodríguez Zapatero, el PP de Mariano Rajoy tiene para un número creciente de españoles las virtudes de la solidez, la fiabilidad y la unidad. Incluso quienes no compartan todo su programa tienen en él una garantía para la unidad constitucional de España, lo que no es poco.

Las ambiciones meramente personales, ante semejante reto, no pueden prevalecer. La querella interna en el PP alicantino ha corrido el riesgo de hacer perder a la Oposición algunas de sus bazas más importantes. El PP no podría exigir unidad y coherencia si algunos de sus cargos públicos antepusiesen cálculos miopes y cainitas al interés general. Y sería un suicidio político colectivo poner en peligro, en las elecciones autonómicas del 27 de mayo, la mayoría del centroderecha en la Comunidad Valenciana. La división genera derrota, y es tiempo de preparar victorias y de olvidar motivos menores de división.

Un gran partido democrático debe tener sitio para todos; sitio para ideas plurales dentro de principios comunes, sitio para intereses diferentes dentro de un programa único y sitio para personas distintas que no están obligadas a compartir amistad pero sí a respetar una sola lealtad.

La lealtad no puede ser a uno u otro de los líderes del Partido Popular; la lealtad que une y debe seguir uniendo es -como en todo partido que se precie de aspirar a ser alternativa de Gobierno- a la persona que encarna y representa el proyecto único. En el caso del PP esas lealtades se deben a Mariano Rajoy en el conjunto de España y a Francisco Camps en la Comunidad Valenciana; pero es una lealtad de ida y vuelta, ya que obliga a los líderes a defender el pluralismo y a impedir que haya banderías internas y posiciones privilegiadas de ningún tipo. No las hay, y no debe haberlas, porque lo único indiscutible es precisamente la unidad en torno al proyecto.

La alicantina Caja de Ahorros del Mediterráneo es, sin duda importante. Pero ¿lo es más que el futuro del PP y de España? Si alguien piensa así no tiene su sitio en el PP de Rajoy, Camps y Eduardo Zaplana, que sin duda están de acuerdo en esta idea. Ahora les corresponde, a los tres, poner orden en casa. Que los representantes del PP se dividan en un reparto de puestos y que unos u otros prefieran aliarse con el PSOE -que sonríe complacido- en vez de con los miembros de su mismo partido es una pésima noticia para todos los que se sienten, en toda España, representados por Rajoy.

Poner orden excluye, precisamente, abrir un debate público sobre cuestiones de partido. Si el PP no es capaz de arreglar este litigio en el seno de sus órganos internos no podrá pedir su confianza a los españoles. No es momento de que rueden cabezas, pero tampoco de que los intereses personales pesen más que los generales. Rajoy como presidente del PP y Ángel Acebes como secretario general tiene una tarea mucho más importante que llevar a los divididos alicantinos a una paz interna: tiene que llegar a La Moncloa, pasando también por Alicante y por encima de quien sea menester.

Después de las elecciones de mayo podrá y deberá, además, plantearse una serie de cuestiones estructurales, que ciertamente no tiene ahora su momento. Alguien tendrá que hacer una reflexión sobre las Cajas de Ahorros, su libertad de acción y su control por los políticos que puede derivar en su politización y -en otras Comunidades- incluso en cosas peores. Alguien podrá también estudiar la vida interna de nuestros partidos políticos y las necesarias mejoras democráticas. Pero todo eso podrá hacerse mejor con Rajoy en la presidencia del Gobierno, y quien no se una a ese proyecto no podrá tener sitio en el PP.

Por Antonio Martín Beaumont y Pascual Tamburri Bariain

Por Pascual Tamburri Bariain, 27 de enero de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.