Concordia, moderación y firmeza: la receta de Rajoy contra Zapatero

Por Pascual Tamburri Bariain, 28 de enero de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.

El pasado sábado, al presentar en Toledo las conclusiones de las conferencias nacionales que han preparado el programa de su partido del Partido Popular, su presidente dio la señal de salida para un año de campaña electoral. Mariano Rajoy no quiere limitarse a denunciar los problemas generados desde el Gobierno por el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero, sino que aspira a convertirse desde ahora en alternativa.

Llegar a La Moncloa en 2007 y 2008 está al alcance del PP, en primer lugar porque la política radical y errática del Gobierno ha creado una sensación de creciente descontento; además, y no menos importante, la Oposición ha querido ofrecer soluciones creíbles y razonables a los problemas del país, que contrasten con lo que se ha hecho desde 2004. Mariano Rajoy ha insistido -lo hizo una vez más el pasado sábado- en que el PP es un partido previsible, «cuyos principios, programas y objetivos son conocidos por los ciudadanos». Tanto frente al terrorismo como en el debate estatutario, en política económica y en política exterior el PP tiene un programa consolidado y, en la medida en que responda a las necesidades y a la voluntad de la gente, lo aplicará. Rajoy aspira a un Gobierno que sorprenda por no sorprender, y cuyas decisiones sean una respuesta sencilla basada en lo que se propone a los electores antes de las votaciones y en lo que el país necesite en cada momento aplicando principios que no pueden cambiar.

Rajoy quiso reivindicar la España liberal, ya que la legislatura en curso va a concluir, como tarde, en 2008, bicentenario del final del Antiguo Régimen absolutista en España e inicio de la España constitucional. En estos tiempos de confusas y difusas «memorias históricas» es significativo que el Gobierno socialista haya olvidado esa conmemoración inminente de un acontecimiento que unió a los españoles, y prefiera remitirse a otros sucesos, más cercanos y polémicos, con intención de dividir. La sublevación popular del 2 de mayo de 1808, las Cortes de 1810 y la Constitución de 1812, que Rajoy quiere recordar en su larga campaña electoral, fueron los hechos fundantes de la modernidad en España y de la misma nación política española; desde hace dos siglos los españoles vienen siendo igualmente libres, sin distinción de estamento ni de región. Y para Rajoy la política de Zapatero ha puesto en riesgo ese legado, que el PP quiere preservar.

España es una nación democrática, dinámica y plural, pero no por ello debe renunciar a la firmeza «frente a quienes la desafían, ya sean bandas, delincuentes o terroristas». Los acontecimientos de los últimos días refuerzan la importancia del proyecto de Rajoy, ya que, tanto en el País Vasco como en Alcorcón, la gente de la calle reclama orden, paz y justicia basados en el imperio de la Ley. Es probable que «la verdadera labor patriótica de la oposición» sea, «cuando el Gobierno lo hace mal, no apoyarle y exigirle que rectifique». El consenso en los asuntos de Estado no puede obligar a la Oposición a callar las verdades; más aún, lo que no se puede hacer desde la oposición es callar, porque precisamente la tarea de la oposición y su único camino para dejar de serlo es recordar al Gobierno lo que parece olvidar. Mientras que el desorden cunde y mientras la tumba de una víctima de ETA como Gregorio Ordóñez es ofendida por las juventudes de quienes han negociado con Zapatero, lo mejor que puede ofrecer Rajoy es lo que los ciudadanos quieren: un camino hacia la concordia, moderado en las formas y suave en los principios.

Por Pascual Tamburri Bariain, 28 de enero de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.