Tres razones para una manifestación en la que no debe haber ausentes

Por Pascual Tamburri Bariain, 30 de enero de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.

El Foro de Ermua ha convocado una manifestación ciudadana en el centro de Madrid en la tarde del próximo sábado 3 de febrero, por la Libertad, por la derrota de ETA y contra cualquier estrategia de diálogo y cesión con la banda terrorista. La Asociación de Víctimas del Terrorismo ha adherido a la iniciativa, como otros cientos de organizaciones cívicas y como ha hecho, entre otros, el Partido Popular de Mariano Rajoy.

Si hubiese que recordar un acontecimiento decisivo de la primera legislatura en el Gobierno de José María Aznar sería, precisamente, el clamor popular contra ETA a raíz del cruel secuestro y asesinato del concejal del PP en Ermua, Miguel Ángel Blanco. En aquellas horas angustiosas de julio de 1997, que culminaron en la muerte del secuestrado, España cambió. El terrorismo quedó socialmente aislado, el nacionalismo vasco se vio en la tesitura de explicar su proyecto político al lado de unos criminales con las manos manchadas de sangre y la gente de la calle negó cualquier legitimidad a la banda. De allí nacieron la primera «tregua trampa» y el Pacto de Estella independentista; pero de allí nació también el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, que ha representado el mejor momento del Estado democrático en su lucha contra ETA.

José Luis Rodríguez Zapatero, desde La Moncloa, ha desactivado la unidad de los grandes partidos contra ETA y ha dado pie a un nuevo «proceso de paz» que, pese al atentado asesino de Barajas el pasado 30 de diciembre. se resiste a dar por cerrado. La AVT y el Foro de Ermua llevan a la calle el próximo sábado la misma petición que inspiró la movilización de hace diez años, para que al menos PP y PSOE vuelvan a unirse contra el terrorismo.

Son millones los españoles que quiere de todos los políticos memoria, dignidad y justicia; y será con esos tres objetivos como cientos de miles de españoles saldrán a la calle el sábado, no contra el gobierno, sino para recordar al Ejecutivo sus principales obligaciones.

La memoria de lo que ETA ha representado durante cuatro décadas no debe perderse. El terrorismo ha alterado el curso normal de nuestra democracia y ha privado a mil ciudadanos de la vida y a muchos más de la libertad. Aunque ETA terminase hoy debería recordarse para siempre su sanguinaria existencia, para que nunca se pueda volver a repetir el horror que la banda ha encarnado, en sus medios y en sus fines.

La dignidad que se reivindica no es sólo la de las víctimas directas de ETA, sino la de toda una sociedad que quiere ser libre y la de un país que vive unido desde mucho antes de la invención de la idea de nación. Dignidad y sumisión son términos incompatibles, y cualquier cesión ante el terror implica someterse a sus dictados. Más aún, la simple negociación con los asesinos, su reconocimiento como interlocutores, no es sólo una ofensa a la dignidad de las víctimas, sino a la de los españoles en su conjunto, que por esto han sido llamados a manifestarse el sábado.

Es, en último extremo, una cuestión de estricta justicia. Quienes van a marchar por las calles de Madrid no piden privilegios ni normas de excepción, sino simplemente lo que en la normalidad del Estado de Derecho no debería tenerse que recordar: que los criminales purguen sus penas y que las víctimas sean honradas. La mera posibilidad de que el Gobierno y el PSOE no estén física y moralmente entre los manifestantes o no compartan los lemas de la manifestación es una señal de alarma para la calidad de nuestra democracia.

Por Pascual Tamburri Bariain, 30 de enero de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.