Zapatero, un puritano laico contra una España pecadora y bebedora

Por Pascual Tamburri Bariain, 4 de febrero de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.

Una nueva cruzada está a punto de congregarse. Tras las épicas luchas de los progres que nos gobiernan contra el tabaco, las hamburguesas, los gordos, las flacas, las amas de casa, los curas, la caza, los toros y la sal, José Luis Rodríguez Zapatero y su escuadrón de amazonas -Espinosa, De la Vega y Salgado- afrontan el mayor de enemigo de esta legislatura: el Santo Talante exige la derrota del alcohol y, sobre todo, la desaparición de la cerveza y del vino de la cultura popular española.

Cuarenta y cuatro millones de españoles tienen que elegir si unirse a la cruzada contra el vicio y el pecado (laico) o convertirse en parias de la nueva sociedad progre. Nada de cañas al salir de clase ni de vinos por la tarde y preparáos para beber zumos el sábado por la noche, porque Zapatero ha decidido que vais a ser santos (laicos). Ha nacido un nuevo puritanismo.

Puritanos contra cultura y agricultura

Elena Espinosa, ministra del ramo, no se opone a la batalla progre contra la España rural, la agricultura española y la cultura europea. Toda la demagogia agnóstica que supura el feminismo de cuota se ha concretado en la que llaman «Ley de medidas sanitarias para la protección de la salud y la prevención del consumo de bebidas alcohólicas por menores». Dice Espinosa que «queda un largo camino por recorrer hasta consensuar la ley», pero parecen decididas. Ya no repiten ni la bobada de «Un dedo de espuma, dos dedos de frente», sino que, directamente, se plantea una prohibición de la publicidad de las bebidas alcohólicas y la muerte o marginación de estas bebidas. El alcohol, que forma parte de nuestra civilización antes de que el primer antepasado de estas urbanitas aprendiese a andar erguido, es para los progres la peor droga, un pecado. Ya no es el líquido perfecto que Cristo transformó en las bodas de Caná y eligió en la Última Cena, ni el fermento alegre libado en Olimpo y Walhalla. El Gobierno ignora nuestros viejos dioses, y vuelve la espalda a un sector económico y social que, como el líder de ASAJA Pedro Barato, está muy enfadado. No es para menos.

Demagogos contra la salud

Elena Salgado, la ministra de Sanidad, se enroca en su proyecto, que prohibe la publicidad de cualquier bebida alcohólica con más de 1,2 grados. La ministra quiere una Ley Seca -la sequedad, desde luego, entre agua y otros fluidos, es lo que caracteriza a esta sección femenina que incluye a Cristina Narbona- y trata a los productores de uva, de cebada cervecera y de otros alcoholes casi como a delincuentes. Genialidad tras genialidad, «el vino puede estar en la dieta mediterránea de un adulto pero en un menor el consumo moderado es cero». ¿Están ustedes seguros de que esta señora ha vivido en España y sabe cómo somos? Por lo demás, ¿ha pensado en hacerse mirar su obsesión calvinista?

Tiene su gracia este fanatismo antialcohólico en un Gobierno que tolera legalmente el consumo de drogas ilegales, y que participa de una amplia corriente social complaciente con el hachís que, se quiera o no, es un psicotrópico. Una importante diferencia: el vino puede usarse mal, a modo de droga, pero su consumo no sólo es tradicional y cultural aquí -mientras que el cannabis es una importación progre de anteayer- sino que además puede ser altamente saludable. El hachís, en cambio, es siempre una droga y es la puerta casi necesaria de entrada a todas las demás. Aún quiero ver a estas chicas talluditas luchando de verdad en ese terreno por la salud. A propósito, controlan el nivel de alcohol en conductores y trabajadores: alguien debería pensar en controlar el nivel de cannabinoides en los políticos ejercientes.

Hipócritas contra la juventud

¿Proteger al menor? Rechazo el calimocho por gusto y no por convicción, pero son ustedes tan hipócritas como todos los anteriores puritanos y sus Leyes Secas. La vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega se ha llenado la boca de buenas intenciones, pero ¿cómo van a obligar a no consumir alcohol a diez millones de jóvenes a los que ustedes mismos han privado de casi cualquier otra referencia social y de ocio? Si ustedes marginan y encarecen el vino y la cerveza se conseguirá -además de la ruina del sector- que su consumo quede para los muy ricos o para los que, a pesar de todo, paguen más por productos peores y sin controles de calidad. Ustedes van a conseguir una juventud más alcohólica y, además, lograrán combatir sólo la dimensión cultural de la bebida, que es, precisamente, la interesante, sana y sólida. Cursis, advenedizos y nuevos ricos, han entrado ustedes como un elefante en dos cacharrerías rebeldes: la España rural y la España joven pueden y deben unirse contra tanta ñoñería. Tal vez hayan despertado ustedes algún monstruo dormido.

Durante unos cuantos milenios las bebidas alcohólicas han sido parte de la cultura europea por diferentes razones; hoy Zapatero y sus escuálidas musas lo han convertido en pecado. Seremos pues, pecadores laicos y resistentes civiles: bebamos. Protestemos alzando una copa a la salud de España y de Europa, y organicemos una masiva objeción de conciencia a tanta horterada progre. Dejad vuestros complejos en la sede socialista más cercana, y vámonos de vinos.

Por Pascual Tamburri Bariain, 4 de febrero de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.