Mercedes Cabrera, la «tapada» de Zapatero para su proyecto más radical

Por Pascual Tamburri Bariain, 14 de febrero de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.

Anda el país revuelto y en parte sublevado contra el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, mientras el extremista Mariano Fernández Bermejo entra en el ministerio y el asesino Iñaki De Juana Chaos sale de la cárcel. Mucha buena gente se indigna con el PSOE porque negocia con ETA, está dispuesto a hacer todas las concesiones a los nacionalismos antiespañoles, aborta en serie y descuartiza embriones, cambia el modelo de Estado y niega la nación. ZP ha roto unilateralmente todos los consensos -es decir, las mutuas concesiones- que hicieron posible esta democracia. Tal vez la Constitución de 1978 esté devaluada, o algo peor. Pero esto, con ser grave, no es ni lo más radical ni lo más importante que está haciendo el Gobierno del 14-M.

Zapatero y su equipo quieren una revolución a largo plazo y, como las «Pequeñas Estrellas Rojas» de tufillo marxista que han fundado las Juventudes Socialistas, quieren transformar la sociedad. Eso que Susana González está sembrando entre los nenes, nenas y nenos es lo mismo que Mercedes Cabrera está haciendo desde el Ministerio de Educación. Mientras la derecha política anda entretenida jugando con el quimicefa del 11-M, la izquierda radical que nos gobierna plantea crear desde las aulas un nuevo tipo de ciudadano. Con la complicidad de parte de los docentes, el silencio resignado de otros y -lo que me parece más lamentable- la risita irónica de los que creen que esto no va con ellos. Pobres ilusos.

Cabrera y su entorno son el núcleo más ideologizado y más a la izquierda en el aparato del Estado. Como en todos los proyectos totalitarios, buscan instruir en sus propios principios ideológicos a las siguientes generaciones, y como todos los regímenes de ese tipo su primera baza es la cobardía y el escepticismo de los padres y docentes que no comparten sus ideas. La culpa no es de los jóvenes, sino antes que ellos de quienes ya no lo somos. «Lo que necesitamos es autonomía, responsabilidad y participación de todos…; y lo que no debemos hacer es huir nunca de la realidad que nos ha tocado vivir.» (http://www.elsemanaldigital.com/arts/60100.asp?tt=).

«La rutina, la desidia, la nostalgia de lo que nunca fue y en todo caso nunca volverá a ser, la murmuración, el menosprecio de los alumnos (rústicos o modernos, son nuestra materia prima y no son peores que nosotros), el exceso de atención al boletín oficial, los tumultos en los claustros, la subordinación de todo a la nómina, la permanencia cronometrada en los centros y la cuenta atrás de los días que quedan de curso son otros tantos síntomas de falta de vocación docente.» (http://www.elsemanaldigital.com/arts/58956.asp?tt=) La voluntad revolucionaria en quienes la poseen y hoy dirigen el sistema académico, unida a la frecuentemente escasa voluntad de ejercer la tarea de padre o de profesor, hace el resto.

La escuela española merece que se dé «autoridad a los profesores, normas sencillas a los centros y amplia libertad a unos alumnos de los que, si se les conoce y se les valora en lo que valen, merece la pena fiarse.» (http://www.elsemanaldigital.com/arts/56284.asp?tt=) Pero si la reforma de la LOE se hace, como se está haciendo, para imponer de nuevo los principios básicos del marxismo educativo -enseñanza uniforme, constructivista, artificialmente integrada y basada en el prejuicio igualitario para crear un proletariado intelectual y una mesnada de indigentes intelectuales, ensoberbecidos y a la vez apáticos por no tener incentivos reales- Cabrera logrará sus metas con poco esfuerzo.

Hace unos meses alguien muy fiable, que acaba de obtener un importante éxito, me decía que esperaba «que ellos, los auténticos culpables, algún día sepan cargar con su dosis de responsabilidad en todo esto, y si se quejan ahí estaremos para recordárselo. Dentro de poco las veremos pasearse con sus flamantes títulos probatorios del máximo grado académico conseguido a base de graznidos, como ya ha ocurrido, para deshonra de nuestra profesión-vocación.» (http://www.elsemanaldigital.com/arts/50923.asp?tt=). Espero sinceramente que parte de la sociedad reaccione al proyecto Cabrera, porque sus efectos negativos durarán más que unas cuantas legislaturas. Y tengo para mí que la respuesta no está ni en los quejidos sindicalizados ni en la añoranza, ni tanto menos en la ligereza de tantos comentarios superficiales que, lanzados contando los minutos para huir de los centros educativos, afortunadamente los jóvenes no oyen. Es en la alegría y las esperanzas de los alumnos y en la ilusión de quien conserve la vocación donde Cabrera Calvo-Sotelo puede y debe encontrar la resistencia más dura.

Por Pascual Tamburri Bariain, 14 de febrero de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.