¿Qué tipo de democracia quiere Zapatero?

Por Pascual Tamburri Bariain, 25 de febrero de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.

Al problema de la “democracia deliberativa” en relación con la democracia liberal se han referido recientemente Jean-Marie Donegani y Marc Sadoun en la obra colectiva Histoire des Droites dirigida por Jean-François Sirinelli. Aunque ellos abordan el problema francés, que se produce en otro momento y además en la derecha y no en la izquierda, sus análisis son bastante interesantes para comprender qué quiere decir José Luis Rodríguez Zapatero cuando habla y hace hablar de una “democracia avanzada”.

La concepción liberal democrática clásica de las cosas es bien sencilla. La democracia liberal es representativa, es decir hay unos partidos políticos que median entre la voluntad popular y un parlamento que centra y controla la vida pública. Y la política democrática consiste así en recoger y dar forma jurídica a las demandas sociales, cuya suma conducirá al bien común, mediante la adhesión, discusión y mediación de voluntades individuales y de intereses parciales. La democracia española tal y como se pensó en 1978 es así, una “democracia representativa” en la que la sociedad está separada del Estado y éste debe representar a la primera. Y esto tiene sus consecuencias: al Gobierno, poder Ejecutivo, le corresponde asegurar el orden para que la sociedad pueda elegir libremente sus fines; y no puede intervenir autoritariamente en éstos.

Ahora bien, desde los mismos orígenes ha existido una serie de concepciones de la democracia diferentes; ha sucedido en tiempos de los jacobinos, ha sucedido con Charles De Gaulle y sigue sucediendo con algunos populismos (no todos): existen modelos de democracia que se definen como ajenos a la representación liberal. ¿Cómo? De maneras muy variadas, pero siempre asumiendo que el gobernante encarna el destino y la voluntad del pueblo, y que hay un camino que el pueblo debe recorrer guiado sólo por el líder iluminado, en comunicación directa con él tal vez (referéndum) pero dejando a un lado la representación democrática tradicional. Así, el gobernante salva los obstáculos de la normalidad democrática para alcanzar sus fines, que supone que son los del pueblo. Esto puede hacerse manteniendo viva la democracia, como hizo De Gaulle, o no.

Lo más curioso del caso Zapatero es que, precisamente, él llegó a La Moncloa prometiendo que iba a escuchar y que el Parlamento iba a ser eje de la vida pública. Es decir, que prometió una democracia representativa de tipo liberal, y sus proyectos “avanzados” han ido en cambio hacia otro modelo de democracia. Hugo Chávez, sin embargo, ha rebasado ese límite y su modelo de relación con la sociedad y sus plenos poderes supraparlamentarios del mes pasado responden a un modelo napoleónico. Zapatero no ha llegado tan lejos ni llegará, pero es el mismo camino.

Por Pascual Tamburri Bariain, 25 de febrero de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.