Rajoy ya no es el hombre invisible

Por Pascual Tamburri Bariain, 5 de marzo de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.

Corría el año 3 después de Cristo cuando el presidente, en la cumbre de su poder, designó un sucesor. De entre todos los candidatos posibles eligió al que reunía el mejor conjunto de virtudes políticas -inteligencia, habilidad y talante- sin ser probablemente el primero en alguna de ellas. A continuación el candidato fue entregado a los asesores de imagen, que por misteriosas razones decidieron convertirlo en el «hombre invisible». Quisieron ganar unas elecciones sin enseñar el candidato, sin darle protagonismo, sin permitir que los ciudadanos lo comparasen con el adversario. Y cuando llegaron los momentos duros se encontraron con un candidato invisible.

Parece que hayan pasado dos mil años, o más, desde que Mariano Rajoy se convirtió en candidato del Partido Popular en 2003 y desde que José Luis Rodríguez Zapatero se encontró con una inesperada mayoría el 14 de marzo de 2004. No faltó quien empezase entonces a contar los días que le quedaban al gallego al frente del centroderecha. Todo estaba contra él: líder designado a la sombra de un Aznar siempre presente, político sin equipo propio de colaboradores, y sobre todo candidato sin perfil propio conocido. Lo peor para una travesía del desierto, en la oposición y sin grupos de comunicación poderosos.

Sin embargo Mariano Rajoy se ha hecho valer precisamente en la adversidad. Cuando se ha dejado llevar por su instinto sus cualidades han servido para arrollar, literalmente, a Zapatero. ¿Por qué el Gobierno no quiere explicar el caso de Juana en el Congreso de los Diputados? Sencillamente porque Rajoy, en las distancias cortas, se come con patatas a Zapatero, y eso, con las cámaras de televisión delante, hace mucho daño al PSOE.

Si volvemos la vista atrás comprenderemos qué inmenso error de los asesores del PP fue no dejar que Rajoy se enfrentase con Zapatero en 2004, carta a cara, cuantas veces quisiese. La endeblez del socialista en el diálogo, la réplica y la argumentación es el mejor escenario para que la capacidad de Rajoy quede bien a la vista.

Y es que ya no es un «hombre invisible». Mirando hacia el futuro inmediato, Rajoy ha sacado al PP a la calle contra el «proceso de paz» y se ha presentado a sí mismo ante los españoles como un hombre de trato agradable y de formación sólida, muy distinto de Zapatero y a la vez en condiciones de deshacer los entuertos de esta legislatura. Rajoy ha adquirido un perfil propio, tanto mejor cuanto más se ha apartado de las fórmulas convencionales y de los asesores a sueldo. Siendo él mismo se ha hecho visible, y sólo por eso está en condiciones de responder a las esperanzas que ahora reposan en él.

Por Antonio Martín Beaumont y Pascual Tamburri Bariain

Por Pascual Tamburri Bariain, 5 de marzo de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.