Con el «proceso» de Zapatero, ETA incrementa la extorsión

Por Pascual Tamburri Bariain, 19 de marzo de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.

En los últimos días se ha confirmado que la banda terrorista ETA ha enviado una nueva oleada de cartas de extorsión a los empresarios vascos. De momento esta fase de la recaudación del «impuesto revolucionario» no se ha extendido a los navarros, pero las Fuerzas de Seguridad no conocen con precisión cuántos y cuáles son los ciudadanos chantajeados. El clima de incertidumbre y miedo se extiende en las empresas del País Vasco y de Navarra.

ETA no ha dejado de existir, ni de actuar fuera de la Ley. No se trata sólo del brutal atentado del 30 de diciembre de 2006 en el aeropuerto de Barajas, que causó dos víctimas mortales más, sino de una continua actividad delictiva contra la vida, la integridad y la seguridad de los ciudadanos. El «alto el fuego permanente» que dio pie al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, para sus reconocidos contactos con los asesinos, no es más que una ficción política.

ETA no es terrorista por casualidad, sino por naturaleza, y sólo dejará de romper la paz pública -matando, hiriendo, extorsionando y mintiendo- si consigue todos sus objetivos o si es derrotada con todo el peso del Estado de Derecho. Cuando gobernó el Partido Popular se emprendió sin concesiones la vía de la legalidad, combatiendo sin concesiones pero sin atajos a los enemigos de la libertad; el PSOE, ahora en La Moncloa, parece preferir la vía de la negociación, que en palabras del secretario general del PP, Ángel Acebes, constituye una política de «cesión» de Zapatero.

No hay vías intermedias: o se aplican las Leyes o se cede al chantaje terrorista. Conviene recordar que pagar a ETA es un delito, ya que supone financiar las otras actividades criminales de la banda. Para un empresario pagar a los terroristas puede ser la solución más rápida para evitar peligros, pero el Estado debe ser firme en la aplicación de las normas, tanto a los criminales como a quienes por una razón u otra los apoyen.

Ahora bien, Zapatero se encuentra en esto ante una de sus mayores contradicciones: si él mismo, titular del poder ejecutivo del Estado, accede a dialogar y negociar con los terroristas, ¿está moralmente cualificado para exigir de los empresarios la entereza precisa para rechazar el chantaje? Al renunciar a defender a los españoles de bien, al aceptar conversaciones con quienes desean imponer su deseo por la fuerza, Zapatero abre la puerta a que otros le imiten.

ETA incrementa su actividad en la medida en que encuentra resistencias más débiles. Cuanto más se cede ante la banda mayores serán las peticiones de ésta. Por eso no es sorprendente que ETA extorsione más ahora que hace sólo tres años, ya que hoy el Estado está gobernado por personas proclives a la transacción y las concesiones. Si se desea conservar en pie el Estado de Derecho es necesario retornar a una política de lucha sin fisuras contra el delito. El «proceso de negociación» no garantiza ni la libertad de todos ni la seguridad de nadie.

Por Pascual Tamburri Bariain, 19 de marzo de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.