La Selección de Luis Aragonés hiere el orgullo nacional

Por Pascual Tamburri Bariain, 25 de marzo de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.

En caso de perder:

La selección nacional de fútbol disputó en la noche de ayer sábado un partido decisivo en su clasificación para la Eurocopa de 2008. España se enfrentó a la selección de Dinamarca en el estadio Santiago Bernabéu, y Madrid volvió a cubrirse de banderas nacionales. No se trataba de una convocatoria política, pero sí de una ocasión que afectaba al orgullo nacional, ya que el futuro inmediato de la selección exigía una victoria.

Todos los implicados en el reto deportivo estaban de acuerdo en subrayar su importancia. El seleccionador nacional de fútbol, Luis Aragonés, ha repetido a lo largo de los últimos meses que «no estar en la Eurocopa sería un fracaso», aunque «estamos en un momento difícil». Las dificultades eran evidentes: en los tres partidos anteriores de clasificación España sólo había logrado tres puntos, y llegó al partido de ayer como antepenúltima de un grupo en el que sólo se clasificarán los dos primeros países.

El fútbol es hoy en día mucho más que un juego. A pesar de una cierta displicencia intelectual, la potencia y el prestigio de los países se miden, también, por sus logros deportivos. El fútbol es en España un vehículo de la identidad colectiva, ya que lo que sucede en el terreno de juego se ha convertido en espejo y en estímulo de la cohesión nacional. Durante décadas el fútbol ha sido casi el único escaparate de un patriotismo popular y apolítico -hoy con la feliz competencia del motociclismo, la Fórmula 1 o el baloncesto-, y los éxitos del combinado nacional son de gran importancia pública. No hacen falta especiales argumentos para entenderlo si se tienen presentes las imágenes de las gradas del estadio ayer, los locales abarrotados de espectadores y las calles vacías en muchos pueblos y ciudades. La Selección es importante para los españoles.

Es, además y sobre el papel, un equipo destinado a ganar. La Liga de fútbol española es tal vez la más cara y presume de ser técnicamente la mejor del mundo, con algunos de los equipos y jugadores más renombrados. La selección ha estado presente en todos los últimos Mundiales y Eurocopas, despertando cada vez mayores adhesiones populares. Sin embargo, no obtiene títulos. Luis Aragonés ha tenido los medios para lograrlos y no lo ha hecho. En el Mundial de Alemania, en 2006, España esperaba y merecía algo más de lo que se obtuvo, antes de la derrota ante Francia en Hannover. Luis Aragonés falló entonces pero la Federación Española de Fútbol dirigida por Ángel María Villar decidió mantenerlo en su puesto a pesar de los nulos resultados. Ayer no se trataba ya de un resultado, sino -tan sólo- de una clasificación previa. Luis ha fallado de nuevo, los ciudadanos están decepcionados y la solución debe empezar por un cambio de seleccionador. Y menos mal que nos quedan Dani Pedrosa, Fernando Alonso y Pau Gasol.

En caso de vencer:

Luis Aragonés se limita a cumplir con su obligación

La selección nacional de fútbol disputó en la noche de ayer sábado un partido decisivo en su clasificación para la Eurocopa de 2008. España se enfrentó a la selección de Dinamarca en el estadio Santiago Bernabéu, y Madrid volvió a cubrirse de banderas nacionales. No se trataba de una convocatoria política, pero sí de una ocasión que afectaba al orgullo nacional, ya que el futuro inmediato de la selección exigía una victoria.

Todos los implicados en el reto deportivo estaban de acuerdo en subrayar su importancia. El seleccionador nacional de fútbol, Luis Aragonés, ha repetido a lo largo de los últimos meses que «no estar en la Eurocopa sería un fracaso», aunque «estamos en un momento difícil». Las dificultades eran evidentes: en los tres partidos anteriores de clasificación España sólo había logrado tres puntos, y llegó al partido de ayer como antepenúltima de un grupo en el que sólo se clasificarán los dos primeros países.

El fútbol es hoy en día mucho más que un juego. A pesar de una cierta displicencia intelectual, la potencia y el prestigio de los países se miden, también, por sus logros deportivos. El fútbol es en España un vehículo de la identidad colectiva, ya que lo que sucede en el terreno de juego se ha convertido en espejo y en estímulo de la cohesión nacional. Durante décadas el fútbol ha sido casi el único escaparate de un patriotismo popular y apolítico -hoy con la feliz competencia del motociclismo, la Fórmula 1 o el baloncesto-, y los éxitos del combinado nacional son de gran importancia pública. No hacen falta especiales argumentos para entenderlo si se tienen presentes las imágenes de las gradas del estadio ayer, los locales abarrotados de espectadores y las calles vacías en muchos pueblos y ciudades. La Selección es importante para los españoles.

Es, además y sobre el papel, un equipo destinado a ganar. La Liga de fútbol española es tal vez la más cara y presume de ser técnicamente la mejor del mundo, con algunos de los equipos y jugadores más renombrados. La selección ha estado presente en todos los últimos Mundiales y Eurocopas, despertando cada vez mayores adhesiones populares. Sin embargo, no obtiene títulos. Luis Aragonés ha tenido los medios para lograrlos y no lo ha hecho. En el Mundial de Alemania, en 2006, España esperaba y merecía algo más de lo que se obtuvo, antes de la derrota ante Francia en Hannover. Luis Aragonés falló entonces pero la Federación Española de Fútbol dirigida por Ángel María Villar decidió mantenerlo en su puesto a pesar de los nulos resultados. Ayer no se trataba ya de un resultado, sino -tan sólo- de una clasificación previa. Luis logró evitar lo peor y la selección sigue viva en la competición: un resultado que no sólo lo mantiene en su puesto sino que ha devuelto a la gente una ilusión que no es sólo deportiva.

Por Pascual Tamburri Bariain, 25 de marzo de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.