España teme el paro y sufre la precariedad en la fiesta del trabajo

Por Pascual Tamburri Bariain, 30 de abril de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.

Ayer lunes se dieron a conocer los datos del la encuesta del CIS del marzo. Los políticos han tomado nota de que el terrorismo ha vuelto a ser, por tercer mes consecutivo y pese al «proceso de paz», la principal preocupación para los españoles. Los mismos políticos tampoco han salido bien parados ya que figuran entre las cosas que inquietan a los ciudadanos. Sin embargo, ante la Fiesta del Trabajo que se celebra este 1 de Mayo, lo más notable es que la gente de la calle considera que el paro es un problema y una preocupación de primera fila.

Esto no se entiende si se consideran sólo las grandes cifras de la economía española. No es fácil repetir hoy aquel «España va bien» que se convirtió en lema de las dos legislaturas de José María Aznar al frente del Gobierno, pero la verdad es que el porcentaje de desempleados permanece bajo. Tras la revolución económica de los diez últimos años España tiene muchos menos parados que en tiempos del felipismo, y además el número total de trabajadores -afiliados a la Seguridad Social- es más alto que nunca. En España hay ciertamente parados y su situación debe ser solucionada, pero para los teóricos de la economía el paro no sería uno de los grandes problemas del país.

Sin embargo hoy conmemoramos el 1 de Mayo con un miedo colectivo al paro, y esto debe ser explicado, además de remediado. Muchos españoles trabajan hoy, pero lo hacen de manera tan precaria que temen perder su puesto de trabajo. Trabajan y cotizan, pero creen que en cualquier momento del ciclo económico pueden pasar a engrosar las colas del paro. La inestabilidad laboral, ligada a contratos breves o precarios, crea en la gente una sensación de miedo al futuro. Casi un 40% de los españoles cree que el paro es el principal problema del país, y ese porcentaje refleja los límites de la precariedad. Todo esto, sumado a que sólo un 10% de los españoles cree que la economía mejorará, configura un escenario social y económico muy difícil.

José Luis Rodríguez Zapatero llegó a La Moncloa y Jesús Caldera al Ministerio de Trabajo prometiendo empleo estable y de calidad, ligado a un aumento de la productividad que hiciese más sólido nuestro crecimiento económico. España, sin embargo, ha perseverado durante esta legislatura en los aspectos más discutibles del modelo de crecimiento de la época de Aznar y de Rodrigo Rato, sin imitar todas sus virtudes y sin aprovechar el camino recorrido. Los políticos no pueden esconderse en los tecnicismos de los economistas: si la gente considera que el paro puede llegar a sus vidas, y si la raíz de esa inquietud tan mala para la economía por lo demás está en la precariedad laboral, será el momento de responder directamente a la cuestión. Más allá de la retórica huera de los discursos de hoy, los trabajadores españoles merecen que se atiendan sus necesidades.

Por Pascual Tamburri Bariain, 30 de abril de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.