Ante la Selectividad: «No vayáis a la Universidad»

Por Pascual Tamburri Bariain, 14 de junio de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.

En estos días unos cientos de miles de españoles, con el Bachillerato o presunto tal aún crujiente debajo del brazo, se examinan de las pruebas de acceso a la Universidad (y no, no voy a hablar de cómo y por qué el Gobierno de UPN ha encargado la dirección de esos exámenes a notables socialistas incluyendo al presidente del PSN-PSOE: de baja política hablaremos mañana (http://www.diariodenavarra.es/edicionimpresa/articulo.asp?not=a15art1208148a&dia=20070614&seccion=opinion). Qué Universidad, qué pruebas y con qué perspectivas, tal es la cuestión que importa hoy.

Los tiempos han cambiado mucho, pero desde un Instituto rural como el mío no se puede echar totalmente en saco roto la advertencia de los regeneracionistas. Más aún que Joaquín Costa, Julio Senador Gómez avisó ya en 1915 (Castilla en escombros. Los derechos del hombre y los del hambre) de los peligros de una inflación universitaria.

«No vayáis a las Universidades. Mirad que, mientras sean lo que son, no han de enseñaros nada que sirva para nada. Mirad que allí van a intentar corromper vuestro instinto natural de la justicia … Mirad que allí os engañan. Mirad que allí os roban la felicidad, porque cuando acabéis vuestras carreras os avergonzaréis de encontraros tan inermes y tan ignorantes … Mirad que allí vais a enterrar toda la sana alegría de vuestra adolescencia y toda la tranquilidad de vuestra vida. No os dejéis extraviar por ilusiones de vanidad que no han de realizarse nunca. No os dejéis alucinar por los oropeles de esos títulos que ni dan ciencia ni siquiera la suponen».

(Senador era licenciado en Derecho, notario de carrera y universitario por tanto; y muchos universitarios vocacionales, con muchos títulos, comparten o compartimos su recelo de hace un siglo. Por amor a la verdad, a la vieja corporación, a nuestros alumnos de hoy y a los universitarios de mañana: es difícil desear que la institución siga produciendo resultados que cada día vemos en las calles, en las pantallas, en las empresas y en las aulas)

«Esa otra farsa llamada la Universidad, que es tal vez el principal factor del embrutecimiento nacional, les atrae y les fascina, no porque crean que de ella salen los hombres capaces de honrar luego a su patria, sino porque de ella esperan verles volver cualquier día con un título para que sean más que nadie. Y allá va todos los años, a perder imbécilmente la mitad de la vida en Institutos y Universidades, un ejército de gente joven».

En las palabras de Senador, sin los prejuicios que al estudiar sus ideas tuvo Enrique Tierno Galván y «sin rencor para la franca y noble gente estudiantil», algo hay aún hoy de verdad. Algo que los jóvenes y las familias que hoy se examinan, y que mañana eligen estudios y futuro, podrían tener presente.

La Universidad, en nueve siglos de vida, ha cambiado de naturaleza o mejor dicho ha ido ampliando y cambiando funciones. Nació como comunidad de jóvenes deseosos de alcanzar el conocimiento más elevado por el mismo hecho de saber, creció dando poder a los profesores, que en principio no lo tenían, y buscando luego una utilidad profesional, superior eso sí, en los saberes; se extendió convirtiéndose en lugar de promoción social, y asumió después -sólo después, recuérdese- funciones científicas e investigadoras; derivó en órgano del Estado del bienestar, en escuela de formación profesional, en oficina de empleo y desempleo y en escaparate de vanidades, sin dejar de ser nada de lo anterior. Hoy, simplemente, sobrevive buscando un sentido.

Sin el «rencor ciego» reprochado a Senador, hoy hay que ir a la Universidad con ideas claras o no ir. La Universidad puede abrir una puerta a determinados saberes en su expresión más elevada, y para eso hoy, como en 1088, merece la pena ir a una Facultad. El título, masificado, no da ni prestigio ni colocación deslumbrante, ni mucho menos garantiza una función investigadora. Cualquiera lo tiene, os lo aseguro, sin que otorgue especiales luces a quien nunca las tuvo. Para colocarse bien y ganar dinero, el camino seguro es una buena FP. Para decorar vuestras paredes, id a una de esas academias con o sin nombre de Universidad -mediocre, empresarial, clerical o provinciana- y os darán un hermoso diploma. Para medrar socialmente, hacéos políticos profesionales o salid en la prensa del corazón. ¿Y si queréis saber? Ah sí, entonces sí: buscad una buena Universidad y sed universitarios de verdad. Pero sólo entonces.

QUERER, SABER Y PODER

La Universidad nació como comunidad de estudiantes deseosos de saber más, y ha ido cambiando con los siglos. Hoy hay que saber qué Facultad se elige y por qué, porque las cosas no son tan claras como en otros tiempos.

(*) Escrito con los mejores deseos mis alumnos de 2º de Bachillerato, que este viernes terminan sus exámenes en la Universidad Pública de Navarra. AMDG.

Pascual Tamburri (*)

Por Pascual Tamburri Bariain, 14 de junio de 2007.
Publicado en El Semanal Digital.